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Vuelta a casa, Barcelona, otro mar, mi único amor. Abrir la maleta, poner todo en su sitio, separar la ropa sucia de la limpia. Quizás he pensado demasiado y ahora esté un poco melancólico. (Escucho Piano Works de Craig Armstrong) Miro la maleta desarmada e intento analizar la manera que tenemos de desplazar nuestras vidas en esos pequeños compartimentos. Me pregunto si somos realmente lo que llevamos en esa bolsa con ruedas. Nuestras mejores camisas, una espuma de afeitar nueva, dos libros (uno por trayecto).

Cuántas ilusiones se desplazaron en maletas, como ésta que ahora está desarmada en medio de la habitación, aunque probablemente peores, menos modernas, sin ruedas, de cartón incluso. Pequeñas, grandes, pesadas, de fin de semana, de refugiado, de alguien que se esconde incluso de si mismo. Aquí traigo lo que soy te dices: regalos, cosas que he encontrado en la orilla del mar, más libros.

Creo que al menos una vez en la vida, es recomendable ser alguien que sólo tiene una maleta. Porque ese día cansado y miedoso, miras al horizonte y descubres que eres libre.

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