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Una amiga me ha enviado este enlace, siguiéndolo he encontrado una web con unas cuantas fotos de turistas, haciendo el turista, entre los escombros y la desolación de los lugares a los que afecto el tsunami. Mi primera impresión, mi primera sensación, fue rabiosa. De rabia por el otro, por la actitud que considero equivocada de otro ser, que al final del día, antes de dormir, cuando me reconcilio conmigo mismo, considero mi igual, mi hermano. Y no, definitivamente, mi hermano no puede divertirse en medio del desastre, insultando con su actitud a toda la gente que ha sufrido, insultándonos a nosotros mismos con este acto. Pero ya digo, eso fue sólo mi primera reflexión. Luego he pensado que da igual, que es lo mismo. Porque si no hubiera pasado nada, y esos señores barrigones disfrutaran de su cerveza nacional en una tranquila playa asiática, sería igual de escandaloso. La gente muere. Y muere por peores razones. En estas playas perdimos a ciento cincuenta mil seres humanos, (quizás más, que importan los malditos números), los perdimos por un terremoto sumado a otras cuantas causas no tan naturales. En África, unos “30.000 niños mueren (…) cada día por enfermedades que se pueden prevenir (…)” (Ana Carbajosa, El País 8 de enero de 2005). Y da exactamente igual, nosotros seguimos con nuestro daiquiri a la orilla del mar, como si nada pasara. E incluso, los que ingenuamente odiamos a estos buenos barrigudos inconscientes, hacemos lo mismo. Ellos simplemente estaban más cerca del desastre. La mayoría de nosotros, mañana nos despistaremos de nuestro compromiso ferreo con el desarrollo del planeta y nos iremos a dar un paseo, y nos reiremos, y nos gastaremos en palomitas, en gasolina o en una coca cola, más de lo que la mayoría de los habitantes de nuestro mundo tienen para todo un mes. Y sí amigos, así esta la cosa, el horror existe, y también la injusticia, y es terrible, pero cierto (es como cuando te enteras de que Papa Noel, es tu madre, una experiencia desoladora). Tenemos que combatir, luchar por un mundo mejor, por supuesto, pero mejor que no nos asustemos de nosotros mismos por el camino.

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