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Hace unos días Choan Gálvez un compañero del trabajo me dijo algo divertido al volver de la comida. Esperabamos en el semáforo para cruzar la Diagonal y pasaron cuatro o cinco coches carísimos. Yo lo miré (lo cierto es que nunca me fijo en los coches pero fue muy evidente) y le dije con cierta ironía: ¿Qué debe hacer uno para ganar dinero de esa forma? Él me miro de forma socarrona y me preguntó: ¿Tú que no sabes hacer? Yo me quedé dudando sin responderle… Dedícate a eso, piensa exactamente en lo que no sabes hacer, dijo, y desde mañana dedicate a buscar buenos contactos y ponte a decir que sabes hacerlo, llegarás lejos, en serio, por lo menos a Consejero Delegado.

Entiendo ahora mejor un comentario del magnate Rupert Murdoch sobre el ex-presidente Aznar (leído en Forbes):

As President of Spain, Mr. Aznar earned worldwide respect for his strong economic record and unflinching stand against domestic and international terrorism. His impressive grasp of world politics and the realities of globalization, as well as his clear commitment to fiscal rectitude, will be of great benefit to News Corporation’s stockholders.

La imagen del día: subo en bicicleta hacia la Diagonal y veo una gran furgoneta blanca aparcada delante de unas oficinas. En los laterales de la furgoneta un gran anuncio: Destrucción Confidencial de Documentos.

Se me ocurrieron unos cuantos malos chistes.

(…) mientras a nivel internacional el 47% de los directivos se muestra bastante o muy satisfecho de cómo ha pilotado los cambios en el pasado y, como consecuencia, se ve capacitado para reaccionar de igual modo en el futuro, en nuestro país el porcentaje de elevada satisfacción y optimismo se eleva al 84%.

Josep M. Sarriegui en el suplemento Negocios de EL PAÍS el domingo 25 de junio de 2006.

No creo que el optimismo sea malo, ni mucho menos, lo que si puede resultar un tanto preocupante es una cierta jactancia por unos logros que al final del día intuyo que no son tan buenos. Extraño en general un poco de equilibrio y autocrítica, simplemente eso.

Tengo muchísimas ganas de ir a Japón, y creo que esta frase la suscribiría media humanidad pues al fin y al cabo ¿quién no quiere? Hay toda una generación obsesionada con aquel archipiélago tan peculiar, con su cultura y sus gentes.

Hace tiempo escribí en un blog anterior una pequeña reseña sobre El elogio de la sombra de Junichiro Tanizaki. Lo que quiero compartir ahora sin ser tan elevado no deja de ser sublime. La semana pasada mi amigo y experto en freakismos Marc M. me paso este video de youtube y me he reído tanto viéndolo que creía que se merecía un sitio en este blog.

Nota de 6 de octubre de 2011: Se ha perdido el video que comentaba.

tomy pelluz en el tren
Desde julio de 2003 voy (al menos) dos veces al año a Valencia. Disparo allí para CondéNet la pasarela de moda infantil que se celebra en el marco de Fimi, una feria de moda infantil. La mayor parte de las ocasiones he ido y vuelto en el mismo tren, a la misma hora, con la misma gente, y haciendo prácticamente lo mismo: intentando dormir en el tren de la mañana (sale a las siete de la estación de Sants) y trabajando con las fotos en el portatil hasta que se termina la batería en el tren de vuelta.

Es curioso, nunca antes había hablado de esta experiencia, no es que tenga demasiada trascendencia pero tiene esa fuerza de las cosas que haces cada año por las mismas fechas y que te sirven para reflexionar un poco sobre como te ha ido la vida. Cada cambio de temporada de ropa de niño a mi me sirve para coger un tren a Valencia y verme en el espejo de mi propia cotidianidad: pelo más largo o más corto, distinta ropa, distinto portatil, cámara nueva… y esto por fuera, por dentro: más o menos melancolía, euforia, orgullo, amor.

Este año he ido feliz, le he dejado el iPod a Tatel y me he dedicado a escribir, dibujar y hacer esquemas en mi cuadernito. De la ida destaco una imagen que maldibuje, para no olvidar, en mi bloc: Veo a traves de la ventana a tres campesinos delante de unos campos inmensos, sol de la mañana y el perfil de Valencia en el fondo… pocos frente a mucho y la imagen de lo contrario, de la acumulación que se da en las ciudades marcando el horizonte. De la vuelta me quedo con una fantástica discusión de pareja en mi vagón (como paga la Feria, voy en preferente) dos jóvenes venezolanos, hablan mitad en castellano, mitad en inglés americano, ella tenía un problema con su piel, y él se enfada con ella porque no se lo cuida o algo así, tampoco presté demasiada atención, pues al final quién sabe realmente porqué discute una pareja.

A Valencia en Tren, siempre una experiencia. La feria y su fauna se merecen un capítulo aparte.

He encontrado en el blog de un tal Jason R. Coleman esta curiosa nota:

One of the most interesting things about del.icio.us is how they made an English word using all three domain levels. Now that they own the icio.us domain, here are some other pages they could create (…)

Luego hace una lista de las posibles combinaciones y una de ellas es mal.icio.us

¿Que porqué le puse este nombre al blog? Porque me gusta, no lo pensé demasiado, la verdad, fue mitad impulso, mitad adicción a del.icio.us

Hoy he leído esta frase de Abraham Lincoln en un blog:

“My great concern is not whether you have failed, but whether you are content with your failure.”

Al comienzo me gustó, lo reconozco, luego me he ido dando cuenta de que quizás tampoco hay que ser tan implacable. Sigo estando mucho más de acuerdo con la frase (de Lawrence Durrell) que durante más de un año he añadido al pie de mis mails:

“Like all young men I set out to be a genius, but mercifully laughter intervened.”

Con calma, amigos, con calma.

En unos días comenzaré un nuevo blog, parecerá un tanto precipitado cuando acabo de comenzar éste, pero la idea que tengo es crear diferentes blogs que traten con una cierta continuidad de un tema específico. Tengo dos en la cabeza: uno que sea una simple recopilación de estadísticas, y a éste aún no le he encontrado nombre, y otro que creo que voy a llamar dinoUsuario en el que escribiré sobre usabilidad y arquitectura de la información.

mal.icio.us es mi bloc de notas, y así quedará, como bloc de notas: informe, inconstante y sin tema concreto, como suele ser un bloc de notas.

España está objetivamente infravalorada en el exterior, pero la mayoría de los ciudadanos no lo percibe. El estudio realizado por el Pew Global Attitudes Project pone de manifiesto que el 80% de los españoles cree que el resto del mundo tiene una buena opinión sobre su país.

José Luis Barbería en El País de hoy.

(He encontrado del mismo autor lo que parece, no me lo he leído, un interesante artículo sobre la precariedad laboral: La vida al sol)

Ciertamente a mi siempre me pareció que los españoles tenían un exceso de confianza en si mismos.

(…) el 41% de los polacos consideran que la homosexualidad es una perversión intolerable y el 81% no querría tener un vecino homosexual.

Ricardo M. de Rituerto, en El País de hoy.

Sin comentarios.

La realidad arrasa con los prejuicios. Volvía en la guagua a Barcelona desde Sant Just Desvern. La primera parte del trayecto estuve disfrutando de esa recopilación de artículos del New York Times que viene los jueves con El País. Eso fue hasta que ellos subieron y dejé el periódico a un lado. Ellos, eran obreros, tres, dispares. El que se sentó frente a mí, parecía tener más de cincuenta años, poblada barba blanca y pelo lacio, pensé que bien retratado, en blanco y negro, se parecería a Walt Whitman, aunque quizás un tanto más delgado. El otro, mucho más joven, parecía sudamericano, era prácticamente mulato y sin embargo su forma de hablar, su acento y sus ademanes contradecían esta información, pues era el más español de los tres. El tercero era catalán de orígenes andaluces, en la mitad de sus cuarenta y abiertamente homosexual. Venían llenos de polvo de la obra y con una animada conversación sobre el despido de un compañero. Yo me quedé impresionado. Nada era lo que esperabas. Me encantó ver como se aceptaban unos a otros, como se respetaban, como se hablaban con educación. Hay esperanza, y muchas veces, uno la encuentra en la guagua.

Escribir un blog es empezarlo por el final. Del blog se lee lo último, y a esta entrada que ahora escribo, cuando pasa un tiempo sólo se llega por casualidad o aburrimiento. Hace un tiempo disparé en un desfile en el que las modelos caminaban de espaldas, la diseñadora encabezaba el paseo despidiéndose del público y las proyecciones que servían de fondo de pasarela también transcurrian a la inversa. Hago yo lo mismo en este cuaderno de notas que se lee desde la última página.

No me gusta despedirme, en cualquier caso, hasta otra, gracias por haber tenido la paciencia de llegar hasta aquí, nos vemos pronto.