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Este fin de semana lo he pasado en Tenerife. Era el cumpleaños de mi padre.

Volver a la isla siempre me trastoca. Allí aprendí a jugar al baloncesto y a montar en bici; fue el primer sitio en el que hice el amor y me puse celoso. Me porté como todo buen hijo de vecino: fui cobarde, mentiroso, mediocre, torpe, intolerante. En Tenerife gané un premio (de poco prestigio) y me partieron la cara (aunque traté de defenderme: salí corriendo). Y también en la misma isla me dejé el pelo largo (conjuntado con un poncho) y me compré mi primera cámara.

Siempre volver me conmueve. Aunque quizás no es para tanto, pero yo soy un novelero: comí muchas novelas de pibe, y ahora digiero las cosas de esta forma.

Todo lo anterior es una introducción poética (de poesía de mercadillo, de saldo), porque yo de lo que quiero hablar realmente es del puzzle que me he comprado.

Es un puzzle inmenso que no creo que acabe (aunque me encantaría: es la reproducción de un precioso mapa de 1627 y sería genial tenerlo colgado en algún lado).

Quizás explicar porque me lo he comprado es una de esos deseos que Epicuro catalogaría “(…) entre los deseos innecesarios y no naturales, esos que, si no son saciados, no producen pesar ni dolor.” (Epicuro, CGG, Alianza 1988). Me aventuraré.

¿Por que comenzar un puzzle? Un puzzle es un problema que no se resuelve inmediatamente. Tiene mucho juego como metáfora: es algo con muchas partes que te entregan desordenadas en una caja, y muchas veces tienes que buscar en el fondo de esa caja una pieza que completa a otra que tienes enfrente. Lleva mucho tiempo poner cada cosa en su sitio y se te pueden perder las piezas por el camino (aunque en este sentido los puzzles son más amables: hay un servicio de atención al cliente y se pueden pedir por teléfono las piezas extraviadas).

Un puzzle es un antídoto para los que queremos resolverlo todo ya, y nos llevamos cada día a nuestra casa (y en nuestro corazón), la misma lógica implacable que aplicamos en la oficina (también muchas veces de forma equivocada) a los problemas (irrelevantes) del día a día.

Creo que hay otro mundo posible, y voy a ganar mi tiempo pensándolo mientras hago este puzzle.

Comments

One Comment

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  1. Joan M #
    agosto 20, 2009

    Me alegro de ver que vuelves a escribir :).
    Yo nunca he sido muy aficionado a los puzzles, pero los libros de muchas páginas me atraen de la misma forma. Sé que es infantil, pero es cierto.

    Un abrazo!

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