Info

Online desde 2002

Posts tagged tenerife

Choose another tag?

Publico esto desde el móvil, uno de los grandes descubrimientos de este año (no el aparato, sino el hecho de publicar en tu blog tan cómodamente). Las fotos son todas del año que termina hoy, desde el verano, cuando me compré el HTC, hasta hace unos días. La mayoría tienen los efectos que les aplica Vignette, una aplicación que por supuesto no puedo dejar de recomendar. Espero que el próximo año nos ilumine. Seguiré disfrutando de la belleza.

image

Katha en Emagister con una pose angelical.

image

Jennie con esa cara de pilla que nunca se le quita.

image

Los señores algorítmicos.

image

Mariela en pose “primera comunion”.

image

Ivone, verano, la vida es maravillosa.

image

Ivone, en el aeropuerto con cara de “no paras de hacerme fotos”.

image

La maravilla de comenzar un libro.

image

La vista de la plaza en la que jugaba de pequeño en Tenerife.

image

Desde la ventana del hotel en el sur de Tenerife.

image

Ivone on the rocks.

image

Flash lovers.

image

Un hombre a un whiteboard pegado.

image

Rodrigo.

image

Aitor en Cibeles.

image

Ya extraño el mediterráneo.

image

I love her.

image

Me encanta el hall del metro de plaza de Catalunya.

image

Me fascinan los anuncios de Canali.

image

Indian look.

image

Same day.

image

Un banquete.

image

In pace.

image

Talk to my hand.

image

Paseo.

image

Person of the year according to TIME magazine.

image

Mr. Simple

image

Homenaje figurativo a Manolo Millares.

image

Foursquare.

image

Zen y tal.

image

Stop.

image

Swimming newspapers.

image

In time.

image

Clásico.

image

Un regalo de un gran amigo.

image

Carta amazónica a los reyes de oriente.

image

Civilizado.

image

Hal.

image

Egipto.

image

Siempre quiero conservar la belleza.

image

Stripped love.

image

En el aire.

image

No se puede ser más claro.

image

Y luego dicen que el papel es caro.

image

En el pacífico.

image

Mamita.

image

Mat & Allan.

image

Señor Ito.

image

Tremendo cacharro.

image

A la manera de Hopper.

image

Organícense carajo.

image

La sombra del ciprés es alargada, pero esto no era un ciprés.

image

Game on.

Este fin de semana lo he pasado en Tenerife. Era el cumpleaños de mi padre.

Volver a la isla siempre me trastoca. Allí aprendí a jugar al baloncesto y a montar en bici; fue el primer sitio en el que hice el amor y me puse celoso. Me porté como todo buen hijo de vecino: fui cobarde, mentiroso, mediocre, torpe, intolerante. En Tenerife gané un premio (de poco prestigio) y me partieron la cara (aunque traté de defenderme: salí corriendo). Y también en la misma isla me dejé el pelo largo (conjuntado con un poncho) y me compré mi primera cámara.

Siempre volver me conmueve. Aunque quizás no es para tanto, pero yo soy un novelero: comí muchas novelas de pibe, y ahora digiero las cosas de esta forma.

Todo lo anterior es una introducción poética (de poesía de mercadillo, de saldo), porque yo de lo que quiero hablar realmente es del puzzle que me he comprado.

Es un puzzle inmenso que no creo que acabe (aunque me encantaría: es la reproducción de un precioso mapa de 1627 y sería genial tenerlo colgado en algún lado).

Quizás explicar porque me lo he comprado es una de esos deseos que Epicuro catalogaría “(…) entre los deseos innecesarios y no naturales, esos que, si no son saciados, no producen pesar ni dolor.” (Epicuro, CGG, Alianza 1988). Me aventuraré.

¿Por que comenzar un puzzle? Un puzzle es un problema que no se resuelve inmediatamente. Tiene mucho juego como metáfora: es algo con muchas partes que te entregan desordenadas en una caja, y muchas veces tienes que buscar en el fondo de esa caja una pieza que completa a otra que tienes enfrente. Lleva mucho tiempo poner cada cosa en su sitio y se te pueden perder las piezas por el camino (aunque en este sentido los puzzles son más amables: hay un servicio de atención al cliente y se pueden pedir por teléfono las piezas extraviadas).

Un puzzle es un antídoto para los que queremos resolverlo todo ya, y nos llevamos cada día a nuestra casa (y en nuestro corazón), la misma lógica implacable que aplicamos en la oficina (también muchas veces de forma equivocada) a los problemas (irrelevantes) del día a día.

Creo que hay otro mundo posible, y voy a ganar mi tiempo pensándolo mientras hago este puzzle.

Si yo pudiera morder la tierra toda
y sentirle el sabor sería más feliz por un momento…
Pero no siempre quiero ser feliz
es necesario ser de vez en cuando infeliz para poder ser natural…
No todo es días de sol
y la lluvia cuando falta mucho, se pide.
Por eso tomo la infelicidad con la felicidad.
Naturalmente como quien no se extraña con que existan montañas y planicies y que haya rocas y hierbas…
Lo que es necesario es ser natural y calmado en la felicidad o en la infelicidad.
Sentir como quien mira, pensar como quien anda,
Y cuando se ha de morir,
recordar que el día muere y que el poniente
es bello y es bella la noche que queda.
Así es y así sea.

Fernando Pessoa

Llevo unos días en Tenerife, en casa de mis padres. He decidido trasladar mi biblioteca a Barcelona y ordenando las cajas de libros encontré un papelito con unas notas y este poema maravilloso de Fernando Pessoa.

He aprendido mucho estos días. No puedo olvidar mi origen, me traicionaría.

El 13 de septiembre de 2006 inauguré una exposición en Barcelona… urB… ¡Dios, sentía que no había pasado tanto!. Mi vida ha cambiado mucho en estos años. Aunque leyendo este texto que acabo de encontrarme, y que nunca había publicado, me doy cuenta de que por dentro los cables siguen siendo los mismos, con más o menos conexiones quizás… pero los mismos.

Para mi familia y mis amigos, mis vecinos de urB, una lista finita pero que prefiero omitir.

–Las imágenes de la memoria, una vez fijadas por las palabras se borran –dijo Polo–. Quizá tengo miedo de perder a Venecia de una vez por todas si hablo de ella. O quiza hablando de otras ciudades la he ido perdiendo poco a poco.

Italo Calvino, Las ciudades invisibles.

La misma lucha hacia las cimas basta para colmar el corazón de un hombre. Hay que imaginar a Sísifo feliz.

Albert Camus, El Mito de Sísifo.

Crecí en Tenerife, en el Atlántico, en una isla africana en el camino hacia América.

Durante mucho tiempo estuve obsesionado con el azul y la línea del horizonte. Vivir en una isla te obliga a tener una conciencia muy clara de la noción de límite. Creces con la certeza constante de que las cosas, en algún momento u otro, terminan. Puedes comenzar un largo paseo… pero no importa las montañas que atravieses, o los barrancos que cruzes, por muy lejos que te lleve tu instinto, tus pasos desembocarán en una playa frente al mar. El mar lo es todo para nosotros.

(más…)

desde Tenerife

Lo escribí anoche sentado en la cama.

Resulta siempre extraño volver a casa. Dormir en tu cama de cuando eras más pequeño, ver de nuevo a tus padres, tener una conversación cualquiera con un antiguo conocido al que ya ni siquiera sabes que decirle.

La vida ha seguido aquí su curso, sin ti. Una pena, te dices. Y te das cuenta, de que quizás, en cierto sentido, estabas de más.

Vivías por aquí, ésta era tu tierra, pero de nada te sirvió, ya no existes. Cuando vuelves eres como un fantasma, no eres del todo real, y que te quieran o te aprecien no lo soluciona. De alguna forma vas a traicionarlos a todos en unos días, te iras, para no volver quizás en años. ¿Y a quién le importan los fantasmas?

La gente que se va no es tan gente como la gente que se queda. Es como si todos estuvieran aguantando un gran peso y tú vinieras a ver como lo aguantan, dieras unos cuantos besos y unos cuantos abrazos y de nuevo te fueras sin ni siquiera haber colaborado por un momento a soportar la carga.

Y después de todo es mejor, más sincero, ya no se puede confiar en ti, en tu fuerza, mejor que te vayas por donde has venido… ya te fuiste una vez y nos dejastes solos, no vengas ahora a jugar…

Algo de esto te retumba en la cabeza. Y no, no es así y seguro que no es cierto lo que digo, o quizás sí… lo que es seguro es que ya es tarde y de nuevo la isla me vuelve a confundir con sus brumas.

Cierro los ojos y sueño con la mujer que amo.

La sociedad del espectáculo

Un día, hace unos tres años, volvía del trabajo en la guagua, cansado, frustrado, dormido… con el coctel de sensaciones negativas que produce el trabajo y alimenta a los psicólogos y a los escitores de libros de autoayuda…

Venía leyendo intentas no sucumbir, seguir aprendiendo aunque tengas que trabajar 12 o 14 horas, intentas no contaminarte viendo la tele, seguir disfrutando de los atardeceres, leyéndome La sociedad del espectáculo de Guy Debord, un rollo que no entiende bien ni dios, pero que les encanta citar a todo los pedantes del mundo.

Venía pues leyendo aquel libro que pretendía explicarme de que iba esto, la realidad, el status quo, esta sociedad espectacular nuestra (que conste que el libro tiene sus virtudes), en un lenguaje bastante retorcido… y de pronto interrumpió mi lectura un conversación:

Dos chicas que estaban detrás de mi y que parece que acababan de casarse hablaban de sus cocinas, de Los venezolanos, del Centro comercial del mueble, de El baño barato… yo sucumbí al poder de sus palabras, cerré los ojos, y durante un buen rato escuché lo que contaban, imaginando como eran sus vidas, como eran sus caras, como eran sus casas… abrí los ojos y miré hacia atrás… ellas asustadas dejaron de hablar y me miraron, yo les dije cualquier cosa… me di la vuelta, miré la portada del libro, abrí la ventanilla y le devolví la libertad… dos paradas después no pude sostener la tensión, me despedí tímidamente y me bajé de la guagua.

—Las chicas por supuesto, habían seguido hablando—, sonreí, mientras veía como se alejaban, desde aquella parada en medio de la nada, porque me di cuenta de qué tenía que hacer, y de cómo tenía que hacerlo…

Tenía que luchar contra la miseria y contra la desigualdad, usando una belleza hecha de un compleja sencillez que se explicara a si misma… que iluminara la vida de aquellas chicas y permitiera a aquel joven seguir leyendo tranquilo.

Ahora trato de hacerlo.

Lo que verdaderamente me gusta es mirar. Me encanta mirar, y me emociono cuando encuentro otra mirada.

Por esto, por esta sencilla razón, me gusta hacer fotos, y ver fotos, hacer películas y ver películas. sería capaz de ver películas en las que no “pasara” nada, sólo quiero ver como pasa el mundo delante de la mirada de otro. ¿cómo hubiera visto Pessoa las calles de mi pequeña ciudad? ¿en que se fija Paul Auster cuando pasea por las calles de Saint Germain? ¿como miraría Gandhi Nueva York? Sueño con saberlo, y mientras, encerrado en mi pequeña isla, me imagino personajes y recorridos por las calles del mundo.

La proximidad de la tragedia, y la terrible convicción de que en la mayoría de los casos uno muere haciendo, o diciendo, una estupidez cualquiera.

Una tragedia es eso que pasa cuando tu ciudad de provincias sale en los periódicos importantes de tu país.

Hace días llovió demasiado en esta isla en la que casi nunca llueve. Murio gente. No hace falta que diga que la isla es Tenerife, que la ciudad es Santa Cruz, pasó lo que pasa siempre: casas mal construidas, en lugares en que no pueden construirse, falta de planificación… y como repetían con gran originalidad las televisiones locales: “de nuevo la naturaleza demuestra ser más poderosa que el hombre” todo un gran clásico de la filosofía para digerir con el almuerzo. Pero eso ahora no importa, no era de eso de lo que quería hablar. Vuelvo a lo primero ¿qué cambia cuando te das cuenta de que las grandes tragedias -y claro también las grandes hazañas- se sufren, y se hacen, en cholitas de andar por casa?

Fotos de las riada del 31 de marzo

Yo no sé nada… es siempre un recurso fácil… ¿Cómo podría, sin embargo, escribir sobre danza, sobre danza contemporánea, si en verdad no sé? y sin embargo quiero escribir, tengo la necesidad de hacerlo. sumido en la oscuridad de la pequeña sala del Teatro Victoria, hoy, esta noche, hace sólo un rato, pensé que lo que hacía aquel chico tenía un sentido, que aquella serie de gestos sostenida sobre una musculada pero armoniosa expresividad me estaba diciendo algo… la reiteración de movimientos, de sonidos, el cuerpo sometido, arrastrado… y pensé, y sentí… y ahora, ahora no voy a decir más.

Paseo rambla abajo, ahora vivo en una ciudad pequeña, en una isla del atlántico, paseo rambla abajo y le cuento mis sueños a una amiga, y llego cansado, cansado de contar siempre lo mismo, cansado de que incluso mis sueños sean predecibles. Paseo rambla abajo. Paseaba. ahora, escribo.

Dos chicos caminan por una calle, uno mira al suelo, quizás buscando algo en el vacío que se extiende de su cara a las baldosas, el otro mira a la derecha (y en este mirar hacia un lado hay toda una pequeña historia: el reflejo de la luz en la luna de un coche le hizo apartar la mirada del frente, el giro fortuito le llevó a encontrarse con el escote de aquella chica, que ahora se aparta de la escena, pero que hace unos segundos recogía un bolígrafo del suelo).

Yo miro a estos chicos unos metros más atrás; el sol de la mañana les da de frente y sus sombras alargadas llegan hasta mis pies. Pongo una rodilla en el suelo, y aprieto el disparador.

Ésta es la descripción de una foto. No hay nada de lo que una foto dice porque no la ves. Aparecen algunas de las cosas que el encuadre limitado de la cámara hace desaparecer.

Uno de los chicos de la foto es mi hermano. Todo mi amor por él no aparece en la foto.

Debo seguir disparando.