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Este señor de la foto es un rey africano (y decir lo último sobra, porque desde luego que no tiene ninguna pinta de rey sueco). Más concretamente, es el monarca de Oussouye y otros nueve pueblos cercanos, en el sur de Casamance, Senegal.

Nigel Barley, el antropólogo inglés autor del libro que no he parado de recomendar este viaje, comentaba que uno de esos extraños privilegios de ser antropólogo es que puedes permitirte decir cosas como: “¡Llevadme ante vuestro rey!”. Yo no soy antropólogo, pero recordé la frase cuando Benjamin propuso que fueramos a ver al monarca de Oussouye.

Visitar a un rey exige un cierto protocolo, primero tratas de concertar la cita con los cortesanos, si éstos te aceptan, tras el pago del “impuesto real-revolucionario”, tienes el privilegio de que te reciba en su palacio.

Pongámonos en contexto: los cortesanos eran unos hombres de unos cincuentas años, con camisas de flores y gafas de sol, y estaban sentados en un muro cerca de la gare routiere de Oussouye. Me parecieron una curiosa combinación de señores de pueblo y agentes de una operación encubierta de “Corrupción en Miami”. Pensaba en eso mientras me miraban de arriba a abajo, hubo química, y me permitieron ver al monarca. (Me temo que a este rey lo termina viendo todo quisque, pero el protocolo es el protocolo). El palacio es una zona boscosa en la que tiene su choza, vive solo.

Caminamos unos metros por la selva, llegamos a un claro y nos invitaron a sentarnos en unos troncos envueltos con un plástico azul (la realeza siempre tiene estos detalles). Allí esperamos.

Uno de los cortesanos de camisa floreada apareció con un pequeño taburete de madera y tras él se desplazaba el majestuoso rey ataviado con una preciosa túnica roja. En su mano, el cetro.

Una vez que el rey se sentó, comenzó el diálogo. Mi diola no da para mucho, por lo que tras el saludo recurrí a los servicios de traducción simultánea español-diola/diola-español del señor Benjamin Sambou. Esto contribuyó notablemente a que la situación fuera más divertida.

–Benjamin, dile al rey que le agradezco mucho que nos haya recibido. (Benjamin traducía, yo observaba con cara seria a lo Livingstone, supongo, y el rey nos daba un discurso que era también traducido.)

¿Qué le pregunta uno a un rey? Mi amigo me había orientado y creo que mantuvimos entre los tres un interesante diálogo. Es un gran hombre.

–Benjamin, pregúntale al rey si es feliz.

El rey antes de ser rey trabajaba en la hostelería (en los resorts franceses de la costa), y extrañaba esa época en la que ganaba algo de dinero y podía actuar y desplazarse libremente.

Ahora no puede ir en coche, por lo que si tiene algún acto en un pueblo tiene que recorrer esa distancia a pie (con toda la pompa que uno puede imaginarse). No puede salir del palacio, y si por ejemplo, quiere ver a un amigo, tiene que hacerlo llamar (–¡Que me traigan a Manolo!). Tiene dos mujeres, que lo visitan por turnos. (Aunque ya estaba felizmente casado, tras su nombramiento contrajo de nuevo matrimonio para que su nueva esposa pudiera ser reina.) Y así una larga lista de normas y protocolos.

Oficio duro el de rey de Oussouye. (El cargo es vitalicio).

[Ya habíamos comentado que la tribu Diola no es nada jerárquica, hay reyes pero nunca han mandado demasiado. Dan bendiciones y participan en actos protocolarios, pero poco más. Los reinados se van turnando entre familias. No me extiendo porque no me he documentado lo suficiente. Si alguien tiene más información sería un lujo que la compartiera en los comentarios.]

Tras visitar al rey volvimos a la gare routiere y alquilamos un taxi para que nos llevara hasta Elinkine, pasamos antes por Mlomp, un pequeño pueblo en el que no hay ni electricidad ni agua corriente.

Mlomp es el pueblo en el que nació Benjamin por lo que la visita consistió en ir parándose cada dos metros y mantener conversaciones en Diola. (Yo las traducía mentalmente al canario: mijo! cómo estás? tu mujer? tu madre? ya nunca vienes!). Tuve tiempo para despistarme y hacer algunas fotos de los maravillosos árboles que hay en la zona.

Los árboles africanos son impresionantes. Me moría de ganas de ver un Baobab, desde que de niño me leí El principito. Son increíbles, aunque lo que más me ha impresionado en este viaje son los Ceibas. Se siente uno pequeño en África, la naturaleza es poderosa, hay una fuerza que no entiendes, a la que no estás acostumbrado.

Una noche di un corto paseo y me quedé mirando hacia la selva bajo la luna y las estrellas, escuchando a los animales y a los insectos, oliendo todo lo que podía, sintiendo el calor y la humedad. Llegué caminando hasta una valla que en mi cabeza se convirtió en una frontera. Estaba a un paso de algo intenso, oscuro, fuerte, para lo que no estaba aún preparado. En el borde de algo nuevo. Volví con el rabo entre las piernas a la luz del campamento, pero reconfortado por lo que había sentido.

Tras la visita a Mlomp nos encaminamos a Elinkine, Llegamos al mediodía. Elinkine es un pequeño pueblo de pescadores en el que hay mucha gente de Ghana. Los senegales no pescan rayas y tiburones y los ghanienses sí. En Casamance (que yo sepa) hay dos poblaciones pesqueras en las que la mayoría de la población ha inmigrado desde aquel país, y se dedica a la pesca de estos animalitos. Elinkine, además, ha sido el punto de partida de muchos de los cayucos que, –si no se hundían–, arribaban a la costa canaria llenos de jóvenes huyendo de la impotencia. Me sentí mal al marcharme de esa playa, qué tristeza. Lo desesperado que tiene que estar uno para pagar una millonada y meterse en un frágil barco con destino incierto. (No puedo dejar de pensar en las semejanzas entre los barcos llenos de esclavos de hace medio milenio y estas barcazas que se hacen a la mar con jóvenes llenos de vida.)

Días después, en Saint-Louis, conocí a un joven pescador que había cruzado a España y estaba de vuelta, repatriado supongo.

Hay que estar en aquella playa llena de mierda, de pescado putrefacto y ratas muertas; con niños descalzos, apenas vestidos, escarbando en la basura y jugando en medio de un hedor insoportable, y visitar luego el sitio en el que viven estos jóvenes pescadores y escuchar en qué consiste su trabajo diario y cuánto les pagan, para entender (de lejos y en tu burbuja protectora) lo que es la desesperación. Admirarás toda la vida su dignidad y su nobleza.

[Escribo este párrafo un poco duro para recordar lo que he vivido. Las fotos no huelen.]

Esto lo escribí esta mañana en el aeropuerto de Casablanca, oyendo una maravillosa recopilación de tangos de Roberto Goyeneche que publicó el diario Clarín en 2005.

Los humanos somos capaces de crear maravillas, y aunque esto no es ninguna garantía (muchos nazis eran excelentes ingenieros, señores cultísimos y sensibles melómanos), sueño con un mundo mejor y trato de pensar cada día en qué puedo hacer yo para que sea posible.

Ya estoy en casa, comienza ahora el viaje por la vida cotidiana.

(Muchísimas gracias a todos por los comentarios de estos días, es un honor tener amigos como ustedes.)

Una niña en Djembering, Casamance, Senegal

“Toubab” is a Central and West African name for a person of European, North African or Middle-Eastern descent (“whites”). Used most frequently in the Gambia, Senegal, and Mali, the term does not have derogatory connotations by itself, though it is also frequently associated with “wealthy traveller” (if one can afford to travel, then he/she must be rich).

(Toubab, Wikipedia)

Esta preciosa niña es de Djembering en Casamance, se acercó a saludarnos cuando entramos en su pueblo, al que llegamos caminando desde Cachouane.

Sólo han pasado unos días y me parecen semanas. Despúes de Casamance estuve en Yoff como ya comenté, y finalmente tuve la suerte de entrevistar a Alex Corenthin (uno de los pioneros de Internet en África) en la universidad cheikh anta diop de Dakar. A la mañana siguiente de la entrevista tome un sept-place hasta Saint-Louis, en la frontera con Mauritania, y allí he pasado estos últimos días de mi primer viaje a Senegal.

Estoy bastante cansado, sentado en la cama con el portatil en las rodillas y mirando el mar por la ventana. (De nuevo en el Hotel Cap Ouest, que parece haberse convertido en mi base en el país.)

Hay muchas cosas que no he contado de este viaje, pero pretendo hacerlo en sucesivas notas. Ya no estarán escritas desde el terreno, pero no quiero dejar de reflejar en palabras las experiencias que he tenido y las cosas que he pensado. Tengo la sensación de que perderé algo si no lo hago.

Hace dos noches estaba tomándome una cerveza en el Club Flamingo, y mientras miraba distraidamente el paso del río Senegal bajo el puente que une la isla de Saint-Louis con la península, me dije a mi mismo: ¡Qué bueno, estoy aquí!

Hace años que quería ir a Saint-Louis. Creo recordar que después de ver unas fotografías aereas tuve una corazonada muy fuerte: tenía que ir a ese sitio. Compré una guía del oeste africano, hice planes, pero al final lo fui dejando de lado.

Hay algo poderoso en los deseos, en los sueños, algunos no se borran y nos obligan a hacerlos realidad. Es cierto que hay espejismos, pero también es cierto que es magnífico encontrar un oasis tras atravesar el desierto.

Si no has cruzado el desierto un oasis no es más que un jardín aburrido, pero si te has esforzado, es un destino cumplido, una recompensa.

Yo no me voy a poner muy interesante porque con la Visa en el bolsillo las aventuras no lo son tanto, por más que uno se empeñe en narrarlas como si fueran grandes hazañas. Pero en mi escala humilde de viajero junior, me siento muy reconfortado habiendo visitado por fin la ciudad con la que tanto había soñado.

En Saint-Louis reflexioné sobre la fuerza que obtenemos de sentir que algo es posible. A veces siento, que una simple pregunta que me hizo un amigo de Milán que estaba de paso por Tenerife, me cambió la vida: ¿Dónde vas a estar el próximo año? Bebíamos vino en la cocina de un piso que él compartía con dos chicas, y yo le respondí cualquier cosa. Luego no dejé de rumiar esa simple pregunta que unía tiempo y espacio (dónde/cuándo) y que me llenó de dudas. Existía la posibilidad de marcharse, de estar en otros sitios, en otros países, podía coger uno un mapa del mundo, elegir un punto, y aparecer allí, como en Star Trek. Esta posibilidad te fortalece, y también te reta.

Yo no soy un experto en la materia, pero parece que estar seguro de algo te aporta una fuerza enorme. Recuerdo que cuando era niño y no sabía nadar, mi madre me ponía unos manguitos hinchables de un color naranja chillón. Un día me tiré al agua sin hincharlos y nadé sin ningún problema hasta que mi madre dijo: Qué bien Tomy, puedes nadar sin manguitos, los tienes desinflados. Evidentemente luego me hundí hasta el fondo de la piscina y tuvieron que rescatarme.

La vida a veces es muy dura y nos pone en frente de situaciones que no provocamos, y que obviamente no esperamos, que nos hacen mucho daño. Sin embargo, cuando observo mi corta vida en perspectiva, me doy cuenta de que muchos problemas que he tenido los he generado yo mismo al negarme a avanzar, auto-negándome: no puedes hacer esto, no puedes hacer lo otro, eso es imposible, no lo vas a conseguir…

Vine a África porque sentía que se había terminado una época de mi vida, y sinceramente no sabía por donde continuar, y no me voy de África con la piedra filosofal, ni con la solución al calentamiento global, a la guerra, a la miseria o a la estupidez. Pero estoy muy feliz, y con muchísimas ganas de hacer cosas y aprovechar el precioso tiempo que voy a pasar en este planeta tan hermoso, en el que han vivido nuestros padres y vivirán luego nuestros hijos.

En un rato vuelo hacia Casablanca, donde hago escala durante unas horas antes de tomar otro avión hacia Barcelona.

Estos días he visto a muchos chicos mirando el mar, sentados en la playa durante horas enfrentándose al horizonte. Yo hacía eso en Tenerife, lo sigo haciendo en Barcelona, y me siento muy afortunado y muy agradecido porque he cumplido muchos de mis sueños y he tenido la suerte de coincidir con gente maravillosa que me ha hecho muy feliz. Me gustaría despedirme de este país con el deseo enorme de que estos chicos que he visto estos días mirando hacia el atlántico también cumplan sus sueños.

Me voy a la playa, un abrazo enorme.

En Cachouane, el lavabo del Campement Sounka

En Cachouane, el lavabo del Campement Sounka

Volví de Casamance a Dakar en autobus, atravesando Gambia. Un viaje de quince horas.

Nos despertamos en Cap Skirring antes de las seis y fuimos en sept-place hasta Ziguinchor, desde la ciudad tomamos un taxi hacia el aeropuerto. Nos habían dicho que había una plaza en un vuelo.

Era lunes y la ciudad arrancaba, mercados abiertos, ajetreo de coches y motos, legiones de niños y adolescentes yendo al colegio y al liceo. Todo envuelto en una luz preciosa que me mantenía pegado a la ventana del taxi mientras atravesábamos primero el tumulto de la ciudad, y luego una larga avenida de tierra flanqueada por ceibas inmensos.

No había billete, decidí volver por carretera.

En la gare routiere de Ziguinchor se respiraba miseria. Me fijé durante un rato en un chico prácticamente desnudo, tenía todo el cuerpo cubierto por un polvo gris e iba de un lado para otro pidiendo; en un momento alguien le dio un cigarro y comenzó a fumárselo mirando al infinito, no había nada en sus ojos; no puedo imaginar qué sentiría. Se me acercó un niño envuelto en un trozo de tela muy sucia que en una vida anterior había sido una camiseta del barça, era de la etnia Pular. Viven todos juntos en algún chamizo, y el resto de la historia es de las que hemos leído en las novelas de Charles Dickens, los extorsionan, les pegan si no llegan a casa con dinero.

Sinceramente te dan muchas ganas de llorar, pero llorarías tanto que tendría que pararse el mundo.

Llegamos demasiado tarde para que me fuera en un sept-place, pero luego milagrosamente apareció un autobus.

La gente se tiraba contra el vehículo, trataba de subirse y ocupar un sitio. Hubo una extraña peregrinación de personas persiguiendolo por toda la estación hasta que se detuvo. Luego comenzó la toma de la Bastilla. Benjamin negoció mi plaza y me presentó a un amigo suyo que también iba a Dakar: militar, católico, de unos cuarenta y cinco años. Viajé a su lado.

Me despedí de Benjamin con un abrazo muy fuerte, es un gran tipo, siento que volveremos a vernos.

En un autobús de cuarenta plazas metieron a más de sesenta, y en el techo el equipaje: maletas, sacos, bidones con vaya usted a saber que. Extrañé que subieran unas cabritas y unas gallinas, pero no hubo suerte. En cualquier caso, no ibamos demasiado apretados, he visto autobuses más llenos.

Estaba en la última fila, junto al amigo de Benjamin. A mi derecha viajó una chica con una niña sobre sus piernas, a su lado su marido (eran de la tribu Fula, el chico trabaja en un pueblo de Catalunya y fuimos hablando todo el rato). Al lado de éste chico se sentaban, uno sobre otro, dos adolescentes que eran los que se encargaban de cargar y descargar las maletas, un tercero iba tirado en el suelo en el espacio en el que nosotros apoyábamos los pies; había dos opciones, que él durmiera sobre tus pies o que le pisaras. Ninguna de las dos posiciones parecía disgustarle demasiado y durante un buen rato durmió como un bendito.

No quiero transmitir una imagen dramática, estaba de muy buen humor, observando todo con mucha atención y disfrutando de un homenaje a Bob Marley grabado de la radio (me di cuenta de este detalle la tercera vez que lo pusieron), el locutor comentaba las letras y luego cantaba en inglés con un acento francés muy marcado. De vez en cuando decía: ¡Brother Bob Marley!

Aquí los coches puede que estén muy destartalados, pero el radiocasete funciona que da gusto, probablemente como los speakers que vienen de serie no tienen (en términos africanos) la potencia adecuada, los han cambiado por unos mayores, como era el caso. Y lo sé porque yo lo tenía justo detrás de mi cabeza.

Veo gran futuro en la industria del tunning en África, aunque debería decir pasado, porque lo raro es que veas un coche que no tenga algo pintado o modificado.

Desde Ziguinchor hasta la frontera con Gambia hay una estrecha carretera de dos carriles, cada varios kilómetros hay militares apostados, pude contar dos tanques.

Suena a película de vaqueros, pero no es para tanto. Mucha gente con la que he hablado en Casamance me ha dicho que las cosas están mucho mejor que antes (la típica expresión desconcertante, porque tú no estuviste antes). Una cooperante alemana me comentó sin embargo que ella está viendo cosas que no había visto (y lleva en la zona desde los noventa), un bandidaje más agresivo. Yo no noté nada especial, lo más peligroso que me pasó fue que pisé un sapo muy grande y me dió mucho miedo, y luego en el autobus de vuelta temí que una señora con el culo muy gordo (muy gordo en serio) se me callera encima.

[El conflicto entre el gobierno y el Mouvement des Forces Démocratiques de la Casamance (MFDC) lleva casi treinta años en activo. Comenzó tras una manifestación independentista en Ziguinchor en 1982 en la que fueron detenidos y encarcelados los líderes del MFDC. Esta zona tiene una larga historia de resistencia que comienza en la época colonial, los franceses eran incapaces de controlar la sociedad Diola porque no es nada jerárquica y tiene un fuerte sentimiento identitario. La última rebelión, en 1943, estuvo encabezada por Aline Sitoe Diatta una sacerdotisa tradicional que fue detenida y encarcelada en Tombuctú (Mali), donde moriría más tarde. Hoy en día muchos colegios, tiendas e incluso el ferry que viene desde Dakar llevan el nombre de esta mujer.]

El autobús se iba parando cada rato y se subían señoras a vender cacahuetes, plátanos, naranjas y otra fruta de la que no recuerdo el nombre pero que sabía a rayos. (Me invitaron y me tuve que comer una con cara de: ¡mmmm, qué bueno!)

Llegamos a Gambia, se terminó la carretera y comenzaron los controles contínuos de la policía. Aquí entro en juego el amigo militar de Benjamin que me trató como a un hijo, se empeñaba en acompañarme a los controles o incluso ir directamente en mi nombre, que fue lo que hizo la mayor parte de las veces. En un momento desapareción con mi pasaporte y lo trajo de vuelta sellado. De regalo traía carne a la brasa envuelta en un papel e insistió en que me comiera más de la mitad. No hay quien mantenga la dieta en estos viajes, lo que es la vida moderna.

Tengo tantas anécdotas y recuerdos de este viaje por carretera que creo que las narraré en dos partes, además se me han quedado por el camino muchas otras historias: la visita al rey de Oussuye, los días en la isla de Carabane, una caminata por la sabana hasta Djembering…

Llevo dos días en Yoff, cerca de Dakar, disfrutando de la playa, de la comida, de las puestas de sol. Esta tarde ire a la Universidad Cheik Anta Diop a entrevistar a Alex Corenthin, un pionero de internet en Senegal. Mañana muy temprano ire hacia el norte, hasta Saint Louis, con muy poco equipaje. Quiero aprender a viajar sin nada, con las manos en los bolsillos, o al menos en la modalidad de mi hermano Jonay, que venía muchas veces a visitarme a Londres desde el norte de Inglaterra y lo traía todo en una bolsa del supermercado.

Algo me ha pasado en los fusibles tras cruzar Gambia, no consigo que se me quite la sonrisa de la cara, creo que nunca en mi vida había estado de tan buen humor. Empiezo a moverme de otra forma, con muchísima comodidad, con calma.

Siento que estar en África me ha devuelto a una persona que había perdido hace mucho tiempo, me he vuelto a reencontrar conmigo.

Cuánto tiempo pierde uno creándose enemistades imaginarias, criticando a los otros, envidiando, mintiendo. De qué poco sirve. Con lo bonito que es abrir los ojos por la mañana en este mundo y ver a tu lado a la persona a la que amas, poder hablar con un hermano, acariciarle la cabeza a un niño y que te mire sonriendo, compartir un atardecer con unos amigos. Todo eso es gratis y pasa delante de nuestras narices mientras nosotros estamos haciendo complejos cálculos sobre que pensaran los otros o nos cogemos una depresión porque no tenemos la última versión del último cacharro.

Y no es que vaya a volver a Barcelona descalzo o que vaya a tirar este ordenador portátil desde el que escribo, pero creo que ha llegado el momento de poner las cosas en su sitio.

Los quiero mucho, gracias por leer esto.

En Cachouane, Casamance, Senegal, con Lissa

En África hay que armarse de paciencia. Uno tiene que aprender a retirarse a sí mismo mientras mantiene el tipo y la sonrisa. Aquí los tiempos son distintos y los saludos interminables. Lo que nosotros solucionamos con un breve y seco “hola”, a ellos puede ocuparles cinco minutos (por ponernos optimistas).

En Diola, que es la lengua del pueblo del mismo nombre, mayoritario en Casamance, el ritual transcurre de la siguiente forma:

a. Kasumay (¿tienes paz?)
b. Kasumay valé (paz tengo)
a. Aubay? (De dónde vienes? / De dónde eres?)
b. Inyee Barcelona (Vengo de Barcelona / Soy de Barcelona)
a. Katabo? (Cómo está la gente de ahí?)
b. Conbukubo (Están bien)
a. Budukane? (Cómo estás?)
b. Kasumay vale (paz tengo)
Aubudukane? (Y tú como estás?)
a. Kasumay vale (paz tengo)

Este diálogo se puede continuar de muchísimas maneras, se pueden incluir por ejemplo otras preguntas como éstas:

a. Bañila bu bubukane? (¿Cómo están los niños?)
b. Conbukubo (Están en casa. Esto significa que están bien.)

a. Kayaibú? (¿Cómo te llamas?)
b. (Inyee) Kayaom Tomy ((yo) me llamo Tomy)

Para completar, se puede volver al Kasumay inicial y entonces, con toda la energía renovada es posible comenzar un segundo diálogo con preguntas parecidas, chistes y anécdotas varias.

Me imagino que situaciones y ceremonias semejantes eran muy frecuentes en Europa hace no tanto tiempo, verlas aquí en directo es un placer.

[“Diola” se pronuncia “Yola”, según mi versión y “Joola” según Benjamin, pero cada vez que le digo que vuelva a repetirlo yo escucho “Yola”. Entiéndase que la transcripción fonética del diálogo anterior es mía y que muy probablemente no será fidedigna. El Diola además tiene muchísimas variaciones.]

Escribo este texto en Cachoaune, a la sombra, apoyado en una mesa de madera de teca, mirando el río Casamance, con una avispa negra african-size merodeándome y con una niña de unos cuatro años que se llama Lissa colgando de mi cuello (bueno, en realidad no para de moverse: también se pone a apretar las teclas del portatil, a ver mis libros, a cambiar de sitio los papelitos que tengo en la moleskine, y todo por supuesto sin separarse ni un centímetro de mí. Me dan ganas de tener niños y todo).

[La foto que encabeza el texto la ha hecho Benjamin]

Ahora he dejado a Lissa entretenida pintando patitos y casitas en la moleskine y puedo seguir escribiendo. (Intento no molestarme con el hecho de que escribe en cualquier parte e incluso tacha algunas cosas que yo he escrito, esto me recuerda al comienzo de Justine de Durrell, siempre te agradeceré Miguel, que me hayas regalado aquella edición preciosa en inglés).

Han pasado muchas cosas (en África siempre pasan cosas, ya lo sabían los romanos que incluso tenían una frase hecha, tomo la cita del libro de Barley: Quid novum semper est Africa?), he estado también un poco malo del estómago y la noche de fin de año me retiré pronto. Me he repuesto muy rápido, no sé si por las medicinas occidentales o por un zumo de baobab que me recomendó Benjamin.

No he presentado a Benjamin Sambou, mi amigo y guía por la Casamance.

Benjamin es profesor de secundaria y en los ratos libres orientador de blanquitos despistados, tiene un año más que yo, 34, y acaba de casarse (bastante tarde para ser senegalés). Es licenciado en filología hispánica y habla por tanto un impecable español que comenzó a aprender de niño con los monjes escolapios, que tienen una misión por aquí. Tiene además conocimientos de lingüistica africana (estudió algo de esto también en la universidad) y es un placer hablar con él de las diferentes lenguas de la zona.

Nos hemos hecho amigos muy pronto y discutimos todo el rato, de forma muy amigable y sana, sobre política y religión (él es católico practicante y participa activamente en la iglesia de Oussouye con su mujer que también es católica). Ha sido una enorme suerte encontrarlo.

Estos días no he podido escribir mucho porque no tenía batería en el portátil (al final, la vida es eso que pasa mientras te vas creando dependencias). Por otra parte, en la isla en la que estaba no encontré conexión a internet.

La historia, se había detenido en el barco hacia Ziguinchor…

El viaje en barco se me pasó rapidamente, pude dormir un buen rato, me desperté a las tres de la mañana y subí a la cubierta superior donde me recosté otro rato en un banco, me desperté con el viento y volví al interior para terminar de despertarme antes del amanecer, justo cuando nos acercábamos a la desembocadura del río Casamance. Fue un verdadero espectáculo, el sol saliendo y todos los que estábamos despiertos, de todos los colores y religiones fascinados con el amanecer. Comenzaron luego a aparecer delfines, que saltaban y jugaban entre ellos y con las olas que producía el barco, y aquello entonces se convirtió en una fiesta. Con qué poco nos contentamos y qué bonito es que sea así.

[Estoy perdido, Lissa ha vuelto al ataque y además ha descubierto como poner mayúsculas, las activa y las desactiva y se rie, además se le han unido unos cuatro o cinco compañeros de varias edades y aquí estoy tratando de entenderlos con mi francés pésimo y mi diola de tres o cuatro palabras. Terminaré este texto en la habitación, ahora voy a jugar con ellos un poco mientras espero la comida.]

Al llegar a Ziguinchor me despedí de mi amigo arquitecto y cogí un taxi hasta la gare routiere, (la estación que encuentras a las afueras de cualquier pueblo que se precie, y que contiene todo lo que pueda moverse y te desplaze a cualquier sitio), una vez allí el taxista me ayudó amablemente a encontrar un sept-place con destino a Ousouyee.

[Los sept-place son peugeots 504 de siete plazas del año del cólera. El funcionamiento del servicio es sencillo (Muy parecido al que había visto en Tunez, aunque allí eran pequeñas furgonetas), se reúne la gente que quiere ir a un sitio y cuando se llena, se pone en marcha el invento.]

Tras que me quisieran cambiar de coche varias veces (soy blanco y tonto, y esto significa más dinero), y haber visto mi mochila zarandeada de un lugar a otro, el sept-place se llenó y nos pusimos en marcha atravesando un paisaje fascinante: sabana y manglares. Había militares en la carretera y nos pararon brevemente en un control, proseguimos la marcha y el conductor casi se pasa del pueblo en el que yo quería bajarme, me dejó en las afueras pero afortunadamente mucho más cerca del lugar en el que iba a quedarme.

Comenzar a dar pasos por un camino rural africano por primera vez en la vida, sin saber muy bien hacia donde vas, y con la fé puesta en que has entendido medianamente bien a la persona que te ha dado las indicaciones en francés hace unos minutos, es una de esas cosas que hay que hacer en la vida.

Mi destino era el Campement Emanaye hasta el que me acompañó una niña de unos quince años que me encontré por el camino. No tenía monedas y le di un billete de mil francos (un euro y cincuenta céntimos) en señal de agradecimiento. Se puso contentísima, no se lo creía.

[Los campements villageois son alojamientos de estilo tradicional construidos y regentados por residentes locales y que reparten parte de sus beneficios con la comunidad local, funcionan desde los años setenta y pueden encontrarse incluso en lugares muy remotos de Casamance. Aunque modestos, son preciosos y están muy bien integrados con el medio: El campement Emanaye de Oussouye es una bonita edifición de adobe y éste de cachouane es una case à impluvium con techo de madera de mangle y palmera palmira.]

Llamé a Benjamin y se paso al rato por el campement justo cuando yo iba a comer, nos presentamos y dispusimos en un momento la ruta: al día siguiente tras ver al rey de Oussouye pasaríamos por Mlomp (su pueblo natal) y luego nos dirigiríamos a Elinkine desde donde cogeríamos una piragüa hacia la isla de Carabane, dormiríamos allí una noche y al día siguiente tomaríamos una lancha hacia Cachoaune, luego haríamos a pie el camino hacia Djembering y al día siguiente utilizaríamos un coche para llegar a Cap Skiring cerca de la frontera con Guinea Bissau, desde este punto volveríamos a Ziguinchor donde nos despediríamos y yo retomaría el camino hacia Dakar.

Hemos respetado fielmente la ruta, aunque nos quedamos dos días, a petición mía y de mi estómago, en la isla de Carabane, ahora, como decía al comienzo, estamos en Cachouane en el Campement Sounka donde por fin he encontrado un rato para escribir.

Nunca antes había tenido un guía que estuviera conmigo todo el día; desayunamos juntos, comemos juntos, cenamos juntos, dormimos juntos. Tengo muchas sensaciones mezcladas, hay momentos en los que me siento un viajero “elegante” del siglo XIX, por más que yo mism cargue mi mochila y la servidumbre termine en la orientación no deja de ser extraño tener a una persona todo el día a tu disposición. En un grupo esta sensación se difumina (recuerdo cuando contratamos a un tripulante para navegar por Croacia) pero cuando estás solo se crean situaciones curiosas.

Hay momentos en los que siento que me terminaría acostumbrando a la gente, a este paisaje, a este calor, a esta humedad. Esta tierra te atrapa por más que todo te recuerde contínuamente que literalmente no estás en tu medio. Yo no creo ser para nada un inepto ni un miedica, pero África me supera. Una cooperante me lo resumió de esta forma:

–Puedes manejarte aquí. Vamos, que aprenderás a desplazarte, a comprar y a hacer todas esas cosas básicas y no tan básicas que necesitamos para sobrevivir. Lo pasarás mal y bien como en cualquier otro sitio, y aprenderás mucho, pero olvídate, no vas a acostumbrarte. No conozco a nadie que lo haya hecho.

Quizás exageraba, pero siento que sus palabras expresan una verdad, aunque sea con minúsculas.

[Vas cruzándote con muchísimas personas y no te da tiempo de incluirlas a todas en lo que escribes. Un abrazo grande para el grupo que me encontré en el hotel cap ouest: Enrique, Chencho, Isabel, María del Mar… otro para el grupo de amigos catalanes con los que coincidí en un cibercafé en Oussouye. Un beso enorme a María y a su padre Fernando, grandes viajeros, no dejamos de recomendarnos libros en aquel desayuno del Hotel Carabane. No recuerdo el nombre de la madre de María, un abrazo también para ella y para Araceli y todas las chicas de la ONG que estaban en la isla de Carabane, había otro chico catalán encantador que no recuerdo como se llamaba.]

Publico este texto desde Cap Skiring cerca de la frontera de Guinea Bissau, comienzo mi vuelta al norte mañana.

 Estoy en el barco camino de Ziguinchor. Todo esta impecablemente organizado, es un barco nuevo que sustituye al anterior que se hundió. Así somos, la previsión no es lo nuestro. (Pero no quiero bromear con esto, aquello fue una verdadera tragedia en la murieron casi tantas personas como en las torres gemelas, de otra clase claro, de otra clase…)

No he podido alquilar una cabina pero lo agradezco, uno se empeña en hacerlo todo tan bien que se pierde muchas cosas buenas por ese insoportable perfeccionismo.

He conocido en el barco a un arquitecto español que ha atravesado Marruecos y Mauritania y justo ayer decidió que quería venir hacia Casamance. Hemos hablado de budismo, sentía que tenía que hablar de eso con él y parece que la intuición funcionó. Medita hace años y siguió a algunos maestros que provenían de Thailandia, terminamos hablando de aquel país y me invitó a unos plátanos y a unas naranjas. Yo le recomendé Phra Farang, el libro que me leí hace unos años en Bangkok y él me dió consejos maravillosos de los que no salen en los libros.

 Seguimos con las coincidencias, luego él se encontró con una pareja que había conocido en la frontera de Mauritania, él es medio mauritano y medio senegalés pero ha vivido en Barcelona estos años y ella es francesa, van a comenzar a vivir juntos en París y este viaje es algo así como su luna de miel. La chica es cooperante y estuvimos hablando de como se ha deteriorado la situación en Mauritania (ella había vivido allí unos años), parece que la cosa no sólo tiene que ver con Al Quaeda sino con la autopista fantástica que cruza el Sahara y el uso que todos los amantes de la economía creativa le están dando. Lo mejor de los viajes son las personas.

He conocido a varias increíbles estos días: Pablo, Aristide, Cheik, Salva, Olga, Marco, Daniela. Cooperantes, guías, aventureros, empresarios. Todos con un fino humor y con una fortaleza increíble. Los días han pasado muy rápido, trato de quedarme con algunas imágenes en la memoria:

Una conversación en un escenario digno de una película de Wim Wenders: de noche, en el jardín de una restaurante que daba a la playa, al lado de un parque de atracciones y con los aviones pasando justo por encima camino del cercano aeropuerto, una noche en África, pero nada parecida a las de Mogambo, sin ningún glamour, mosquitos, prostitutas en la playa, mucha cerveza, poca comida, una gente fabulosa.

Ver como desembarcaban el pescado en una playa de Yoff, las olas, las piraguas gigantes (los mismos cayucos en los que han muerto tantos chicos) no hice ni una sola foto, me lo quedo para toda la vida.

Pasar junto a una favela situada entre Baobabs rodeados de basura, y saber que ya nunca volverás a ser el mismo. Qué terrible, lo extraño es que no te asalten en cada esquina, todo lo contrario, he encontrado a una gente amabilísima (pesados, preguntones y listillos aparte) como esa señora mayor que me vendió una cerveza en el puerto y que me a mi me recordaba a las señoras de mi barrio en Canarias.

Bañarme en una playa mientras un chico bañaba a su rebaño de cabras y recordar a mi bisabuelo: Eusebio Cabrera, un cabrero de Lanzarote: africano, sabio, descreido. Con qué cuidado bañaba el chiquillo a cada cabrita, me dieron ganas de decirle que me frotara también a mi un poquito.

La isla de Gorée, podría vivir allí, que maravilla, ¡mamá te encantaría! Me recordó a Cartagena de Indias en Colombia. (Escribí en el cuaderno: “respiro esta libertad africana que Albert Camus me enseñó cuando era chico”.) Lloré en la Maison des Esclaves, vi esa última puerta que cruzaban los esclavos, donde Mandela lloró tanto, aquellas pequeñas habitaciones en las que los hacinaban, cuánto dolor siente uno, y con cuánta fuerza sale.

No he hecho demasiadas fotos, los primeros días estaba bastante atontado, creo que hoy he comenzado a respirar de otra forma. Menos mal que traje la lomo, porque en algunos sitios es lo único que me atrevo a sacar. Ir sólo y empuñar tu flamante reflex es convertirte en una diana con luces de colores. Lo intenté algunas veces en Dakar y me pasé a la lomo y a otra camara digital pequeña que tengo por aburrimiento.

Poco a poco me iré armando de valor, pero hay que tener cuidado, sobre todo en Dakar, me da la impresión de que el sur será muy distinto, más parecido a Thailandia donde realmente me sentía muy cómodo haciendo fotos todo el rato.

Dakar es una ciudad caótica y tienes que estar atento, pero es un sitio fantástico para tomarle el pulso al país. Como en tantos otros sitios las diferencias de poder adquisitivo impresionan: tú con tu telefonito sencillo de los viajes y llaman al de al lado y se saca un iPhone, no pasa un rato sin que veas un coche de lujo y sólo hace falta darse un paseo por la Corniche para quedarse alucinado con las casas de lujo. Si uno lo piensa, esto es ideal para darse cuenta muy rápido de como es el mundo en el que vivimos.

Ayer vi una excelente exhibición de arte contemporáneo (TGD8, Collective Artistes Plasticiens), llegué por la mañana cuando la estaban terminado de montar pero me dejaron pasar y hablé un momento con Igor Denegri, uno de los organizadores. Sinceramente es una de las mejores exposiciones que he visto este año, hay piezas que hubiera comprado sobre la marcha, salí con otra luz, que maravilla es el arte, cómo te cambia, cómo te ilumina.

Voy a leer un poco el libro de Barley al lado de esta señora que me ha tocado de compañera de butaca. Debe ser la versión en negro y de casi dos metros y más de cien kilos de mi tía-abuela Calixta. Mándenle un beso los que la conozcan y lean esto, yo creo que a ella le encantaría el vestido que lleva, diría que hasta le he visto uno parecido. De vez en cuando la señora me mira y se me rie con esos dientes blancos gigantes, y yo le sonrío de vuelta.

Estoy en casa.

(Esto lo escribi la noche del 29 en el Barco hacia Casamance;  es maravillosa esta region; un paraiso; hoy estoy en Oussouye y ahora iremos hacia Mlomp; luego a Elinkine y dormiremos en Karabane.)

Tome muchas de estas notas el día de navidad en el aeropuerto de Casablanca, ahora ya llevo unos días en Senegal.

Estoy en la terraza del hotel Cap Ouest en Yoff Virage, muy cerca del aeropuerto de Dakar. Me llega la brisa del mar y está atardeciendo, hay unos chicos haciendo ejercicio en la playa, es un momento de esos que quieres quedarte en la memoria.

“El hecho de haber realizado trabajo de campo es como una licencia para ponerse pesado.”

Esta frase la encontré en las primeras páginas de “El antropologo inocente” del antropólogo británico Nigel Barley. Es algo que uno que tendría que tener presente cuando va a relatar un viaje exótico. Si lo piensas, a veces ni siquiera nos hace falta hacer “trabajo de campo” para que nos pase, basta con haber hecho escala en una ciudad y ya no hay quien nos soporte en las conversaciones de café: nos convertimos en expertos mundiales en la materia y no podemos contener el famoso: “perdona, pero yo he estado allí”.

Con esta advertencia a mi mismo, comienzo estas notas inconexas.

Casablanca es una de mis películas preferidas, me acordaba de la escena final cuando el avión aterrizaba. Atravesé rápidamente el control (con correspondiente extorsión de un policia marroquí) y el resto del tiempo lo pasé en la sala de espera, donde me tomé más de un café y tuve tiempo de sobra para impresionarme con la variedad de clases, razas y nacionalidades que deambulaban por el aeropuerto.

Al final uno viaja para hacer las mismas cosas de siempre en lugares con nombres nuevos en los que se siente aún más extraño. Yo debo parecerme a aquellos ingleses de la época victoriana que se tomaban su té de las cinco con todo su ceremonial estuvieran donde estuvieran. He mantenido este ritual de café y periódico en todos los lugares en los que he estado, por más que el café fuera pésimo y el periódico un Herald Tribune atrasado y amarillo.

El café del aeropuerto no era tan malo y los periódicos eran dos marroquis en francés que entendía parcialmente (aunque más de lo que esperaba). Para compensar esta amargura de la comprensión parcial me atreví con un brownie que estaba buenísimo.

(En los países africanos que fueron colonia francesa los pasteles son buenísimos. Pasa también en Senegal: hoy me han dado unos profiteroles con chocolate y vainilla de postre y se me cerraban los ojitos de la alegría.)

Ha sido un acierto traer el portatil porque es muy cómodo para coger notas, con todos los respetos a san moleskine: tomar apuntes en un cuaderno con pluma es más romántico, pero una vez que te puedes sentar a escribir tener un pequeño portatil con un teclado que conoces (con ñ, tildes, etc) es un lujo.

Los africanos subsaharianos son sumamente elegantes, combinan cualquier cosa sin complejos pero el resultado es fantástico. Son guapísimos. Tengo la terrible tentación de comprarme unos zapatos de piel de colores y un bombín gris.

No sé como fue el rodaje de Casablanca, aunque me suena que habrá sido integralmente en Hollywood. La ilusión del cine, de la ficción. Sin tres dimensiones ni hierbas varias también es posible transportar la gente a otras realidades. Recuerdo Vania en la calle 42, excelente demostración de la fuerza del teatro, de la palabra, del gesto, para llevarnos a otro mundo.

Conocí a un chico de Casamance (una región al sur de Senegal), en el avión hasta Casablanca, vive en Rubí muy cerca de Barcelona, hemos quedado en Barcelona, en el Teranga, mi restaurante senegalés favorito.

Veo unas fotos del puerto de Casablanca a finales de los años 20 y me recuerdan a Santa Cruz de Tenerife en esa época. Ya me había pasado en Tunez, en la capital Tunis, que está llena de laureles de indias. Hay un África que me enseño a ver Albert Camus, otro africano que luego vivió en Europa. Me encanta esta frase de uno de sus libros: “En África, el mar y el sol son gratis”.

Me gustan mis zapatos nuevos, anoche los llevaba en una fiesta en la que había chicas con tacones y hoy pasearé por Senegal con ellos. Cada vez me gustan más las cosas que sirven para todo, como esta maleta que he llevado a reuniones muy serias pero luego he arrastrado por medio mundo.

Y hasta aquí las notas que tomé en el aeropuerto de Casablanca, luego, tras muchas horas de espera cogí el avión hacia Dakar, al lado de mí había un hombre inmenso y una señora que era la versión senegalesa de aquella señora de grandes pechos que salía en Amarcord, se estuvieron riendo todo el rato, yo por supuesto no me enteré de nada porque hablaban en Wolof.

Este texto lo escribí ayer (28 de diciembre), hoy me voy hacia el sur, cogeré esta tarde un barco hacia Ziguinchor en la Casamance. Estos días me han servido para adaptarme al país, tengo esa sensación doble de que han pasado muy rápido pero ya llevo meses aquí.

He conocido a gente fabulosa estos días, ya hablaré de todos ellos con más detalle. El hotel ha sido una fantástica elección, caro, como todo en Dakar que es una ciudad carísima, pero mucho mejor que lo que se puede conseguir por este precio. Muchas gracias por el consejo Jordi!

Hoy me he sentido realmente ligero y seguro, me molesta muchísimo no saber francés, es algo que tengo que remediar cuanto antes.

Cambio mi ruta original y dejaré Saint Louis para el final, las razones por las que la he cambiado las encontré en este párrafo del libro de Barley:

Había llegado el momento, si es que no estaba más que pasado, de trasladarme a un poblado. Los dowayos se dividen en dos tipos, los de montaña y los del llano. Toda la gente con quien había hablado me había instado a vivir entre los del llano. Eran menos bárbaros, sería más fácil conseguir provisiones, había más que hablaran francés y tendría menos dificultades para ir a la iglesia. Los dowayos de la montaña eran salvajes y difíciles, adoraban al diablo y no me dirían nada. Sobre tales premisas, el antropólogo no tiene más que una elección; naturalmente opté por los dowayos de la montaña.

En rigor a la verdad, toda la gente que conoce el país me ha recomendado visitar la Casamance, es un territorio no recomendable según todas las guías y los ministerios de exterior pero me he documentado todo lo que he podido y no es cierto que no pueda irse. Tendré un guía local conmigo todo el rato y viajaré en barco (esto último lo recomiendan mucho). Vamos hacia el sur.

(…) este avión hasta Madrid no significa nada especial para mí, estoy tranquilo planeando mis lecturas, haciendo cálculos sobre el cambio de las horas para no llegar cansado… escribiendo esta nota que termina, por fin, con mi indiferencia… no estoy solo en esta sala, para algunos este vuelo es un acontecimiento, un camino que, me imagino, comienza con miedo e ilusión.

En Mayo estuve en Colombia con Tatel, un viaje corto, intenso, muy leído y poco digerido. Escribí ese párrafo en el aeropuerto de Bogotá, el día de la vuelta. A la mañana siguiente comenzaba la Barcelona Bridal Week y tenía que cubrirla para Vogue, tras la pasarela me sumergí en más trabajo. Todas las notas sobre Colombia se quedaron en el [wikipedia]moleskine[/wikipedia] y no las he vuelto a releer hasta hoy. [Algunas fotos de Colombia.]

La vida, ¿puedo volver a repetirlo?, no se detiene.

Colombia, Pasarela, dos semanas fuera de la oficina y vuelta con caos al proyecto que estamos levantando a 10 manos. Reuniones, prototipos y alta dosis de pantallas hasta la semana pasada… salgo entonces de la cueva en la que se fabrican las webs y vuelvo a ser fotógrafo para Fashion From Spain… disparo en Bread & Butter en Barcelona y la pasarela de Fimi en Valencia

¿A quién le interesa todo esto? Puedo hacer mentalmente una lista que incluye unas cinco personas, el resto lo leerá en diagonal o cerrará el navegador. No me enoja, quizás muchos lleguen mal orientados por san google.

Tenía este cuaderno abandonado y no me gusta dejar abandonadas las cosas que quiero. Sobre todo en este momento, en el que lo que me importa de la vida es saber contarla.

El 13 de septiembre de 2006 inauguré una exposición en Barcelona… urB… ¡Dios, sentía que no había pasado tanto!. Mi vida ha cambiado mucho en estos años. Aunque leyendo este texto que acabo de encontrarme, y que nunca había publicado, me doy cuenta de que por dentro los cables siguen siendo los mismos, con más o menos conexiones quizás… pero los mismos.

Para mi familia y mis amigos, mis vecinos de urB, una lista finita pero que prefiero omitir.

–Las imágenes de la memoria, una vez fijadas por las palabras se borran –dijo Polo–. Quizá tengo miedo de perder a Venecia de una vez por todas si hablo de ella. O quiza hablando de otras ciudades la he ido perdiendo poco a poco.

Italo Calvino, Las ciudades invisibles.

La misma lucha hacia las cimas basta para colmar el corazón de un hombre. Hay que imaginar a Sísifo feliz.

Albert Camus, El Mito de Sísifo.

Crecí en Tenerife, en el Atlántico, en una isla africana en el camino hacia América.

Durante mucho tiempo estuve obsesionado con el azul y la línea del horizonte. Vivir en una isla te obliga a tener una conciencia muy clara de la noción de límite. Creces con la certeza constante de que las cosas, en algún momento u otro, terminan. Puedes comenzar un largo paseo… pero no importa las montañas que atravieses, o los barrancos que cruzes, por muy lejos que te lleve tu instinto, tus pasos desembocarán en una playa frente al mar. El mar lo es todo para nosotros.

(más…)

[ Hoy edicion especial: sin tildes ni enyes ni foto ;-) ]

El concierto de anoche estuvo bien, una buena despedida para este viaje de casi un mes por Asia. En el descanso me tome un vino blanco en el foyer mientras veia como se reflejaba la ciudad en el mar. Muy bonito, pense en mi madre, a ella siempre le conmueve la belleza.

Grace Lee, la joven violinista de singapur, estaba preciosa, parecia sacada de una pelicula de Wong Kar-Wai. Toco de pie, con un vestido rojo que contrastaba fuertemente con el negro impecable de los miembros de la orquesta. Es una chica muy delgada, parece debil, pero se entrega con pasion a lo que hace, creo que llegara a estar a la altura del Matteo Goffriller de 1729 que utiliza.

Hoy he dedicado el dia a pasear sin rumbo alguno. Trate de encontrar un periodico y me costo lo suyo, cosa rara en una ciudad como esta. No abundan los quioscos con prensa internacional, hay muchos periodicos locales, pero son infumables. Me salvo un Starbucks que tenia el Wall Street Journal de ayer, algo es algo. (Luego encontre el Herald Tribune y ya pude completar en paz mi ritual de los domingos).

Viråga, dejar atras, no sujetar las cosas, saber separarse… es una ensenyanza basica del budismo.

Viråga literally means the absence of råga: the absence of lust, desire, and craving for existence. Hence, it denotes indifference or non-attachment to the usual objects of råga, such as material goods or sense pleasures.

Detachment and compasion in early buddhism. Elizabeth J. Harris

Curiosamente una de mis frases preferidas de Las Meditaciones de Marco Aurelio nos invita a lo mismo: Toma sin orgullo, abandona sin esfuerzo.

Pensaba en estas cosas mientras me daba mi ultimo paseo en cholas por Orchard Road. Hoy me marcho, se acaba este viaje… saltar de hotel en hotel, mirar un lugar en el mapa y llegar a la tarde siguiente… paseos sin rumbo, comidas exoticas, sonrisas de gentes que probablemente no vuelvas a ver, encuentros inesperados…

Comienza el otro viaje, el de la vida cotidiana, el que nos hace realmente lo que somos.

Uno se prueba en los viajes, pero se contruye con lo que hace cada dia. Desayunar, ir en bici al trabajo y luego a la piscina, leer el periodico, ir al teatro, engordar, envejecer, cortarse las unyas. Esta es la batalla mas compleja, la que nos convierte en lo que realmente somos.

Segui paseando… llegue hasta Little India, y encontre a un senyor con pinta de santo al lado de una mesa. Sobre la mesa habia fruta, incienso, una pequenya figura de Ganesha, unos 15 sobres rosados… y un loro. Me acerque a preguntarle por las tarjetas y me dijo: tri dolars. Le di los 3 dolares y me pregunto mi nombre… le dije Thomas (mi nombre oficial para este tipo de transacciones), el senyor le dijo el nombre al loro, el loro salio de la jaula, cogio uno de los sobres, y fue dando pasitos por la mesa hasta que se lo entrego en la mano al hombre.

El hombre abrio el sobre y me dio una tarjeta, parece que todo me va a ir bien este anyo y que me dios es Ganesha.

Me quede pensando en que porcentaje de los tri dolars se lleva el loro (espero que le paguen correctamente porque es el que hace todo el trabajo).

Me voy al aeropuerto, manyana llego a Barcelona.

Vuelvo con ganas, me voy con alegria.

Esplanade - Singapore

Foto DieHardCanonUser

[ sin tildes ni enyes ;-) ]

Opinar es facil, lo complicado es que la opinion se sostenga.

Con el tiempo he aprendido a equivocarme (no sin dolor) y a aceptar que mis opiniones muchas veces son erroneas, poco acertadas, poco meditadas. Lo que uno piensa tiene mucho de proceso dialectico, de combate intelectual de una idea contra la otra. Ayer Singapur me aburria, la dibuje decepcionante. Creo que era mas el ruido del cibercafe lo que me molestaba que la ciudad, no supe aislar correctamente los sentimientos. Me perdi en mis palabras.

Singapur es una ciudad espectacular. Obviamente, y esto es aplicable a cualquier espacio dinamico, ya no es la ciudad que aparece en Lord Jim (Joseph Conrad, 1900), y tampoco uno de esos conglomerados urbanos maravillosamente caoticos que podemos encontrar en el sudeste asiatico. La ciudad de los leones es ordenada, limpia, segura, cara, senyalizada hasta el extremo. Un lugar que deja pocos detalles al azar y donde parece haber normas o reglamentos para cada cosa.

Ver tres chicos (sin casco) en una moto es habitual en Bangkok… e impensable en Singapur. Aqui hay Time Out, Starbucks en cada esquina, hoteles y restaurantes exquisitos, museos impecables… pero no hay tres chicos en una moto.

Con una tasa de paro insignificante y el dinero mejor repartido que en Bangkok esto es lo que obtenemos, no esta mal. Nadie intenta estafarte y puedes dejar la camara encima de la mesa cuando te tomas un cafe. No hay tuk-tuks pero hay mejores campos de golf.

El pendulo ha venido hacia este lado y parece que en este caso han enterrado bien los cadaveres que quedaron en el camino. Por momentos tengo la sensacion de estar en un escena de Gattaca, han ganado en seguridad y limpieza y perdido en exotismo, asi es la vida.

Pensaba esto anoche, mientras alimentaba mi snobismo en un club de jazz junto al rio tomandome un Singapore Sling, el coctel local.

Hoy hay un concierto especial en el impresionante Esplanade Concert Hall conmemorando el 29 aniversario de la Orquesta Sinfonica de Singapur:

The composition of Stravinsky’s Pulcinella Suite marked the turning point in his career, leading him to the “neo-classical” style which was to dominate his output for several decades; although based on some of Pergolesi’s music, it featured Stravinsky’s signature use of modern harmonies and rhythmic modification. Mendelssohn’s most popular symphony captures the many moods of a tourist wandering across colourful Italy; ironically it was never published in his lifetime. Two rarely-heard works for bassoon are also showcased – Weber’s Andante and Rondo ongarese and Elgar’s Romance, a piece that portrays the bassoon as poet and singer.

SSO 29th Anniversary Concert

No podia perdermelo.

Singapore Skyline

Foto georg69de

[ sin tildes ni enyes ;-) ]

Me dio mucha pena abandonar Bangkok, me he quedado absolutamente enamorado de esa ciudad anfibia, caotica, irregular; en la que respirar cuesta mucho y divertirse, aprender e impresionarse nada.

Ayer llegue a Singapur (Singapore, en), la ciudad de los leones. Tengo una cama mas grande, ducha con presion, una habitacion con vistas a la ciudad y a la piscina. Bienvenido al lado soleado de la calle baby.

Es curioso como unos sitios nos conmueven y nos acogen mas que otros, podriamos hacer una lista mas o menos racional de las razones, pero intuyo que terminariamos confundiendonos. Una ciudad son unas calles, unas gentes, un espacio fisico que ya estaba ahi antes que aparecieran los primeros humanos. Pero una ciudad es mucho mas, hay algo en el aire, en los periodicos, en las tiendas… un estilo, un latido.

Reflexiono sobre este tema paseando por unas calles en las que es imposible perderse… todo esta limpio, ordenado, senyalizado… debe ser la ciudad mas segura del sudeste asiatico.

Entre tanto orden, me aburro. El antidoto es recorrer Chinatown o Little India, barrios populares, coloridos, en los que pervive el Singapur que ahora parece que tratan de ocultar.

Manyana escribire mas porque no puedo concentrarme demasiado. Estoy en un cibercafe en Chinatown rodeado de chicos que no dejan de gritarle al movil mientras miran cualquier cosa en la pantalla. Me molesta que la gente no sepa comportarse correctamente en publico, soy muy conservador con esto quizas, pero me parece alarmante. El silencio ha ido perdiendo admiradores.

 Tomy Pelluz - Karen Hill Tribe - Thailand

Foto Isabella Bullesbach

[ sin tildes ni enyes ;-) ]

Esta foto es de hace unas semanas. Estaba en un pequenyo pueblo Karen en las montanyas al oeste de Chiang Mai. No me habia puesto todavia las cremas antiarrugas, ni me habia maquillado y me estaba tomando un te en ese vaso de bambu. La chica de al lado, salio con los ojos cerrados, una pena. La senyora de la derecha era la jefa, o mas bien, la directora comercial de la tribu, te vendia todo, desde el vaso en el que te tomabas el te hasta collares, cervezas o coca-cola… si… coca-cola… habia coca-cola. Siempre coca-cola.

Ayer vague de un lado al otro, sin orientacion alguna, sin pretensiones. Comence en Wat Pho y termine paseando por los grandes centros comerciales que hay cerca de la estacion Siam Center del Bangkok Sky Train. Nunca me deja de impresionar que en la misma ciudad haya gente con bolsos Louis Vuitton (originales) y otros que no ganen mas de 3$ al dia (por decir una cantidad). Esto pasa en todos lados, pero aqui se palpa con mucha intensidad.

En medio de todo esto, no sin cierta decepcion, estuve probandome los trajes. Me estan quedando demasiado puestos, muy de senyor Pelluz y poco de Tomy. Quizas estoy envejeciendo o sin querer transmito ese estilo. Es algo en lo que estoy pensando… y es que en el fondo hago toda estas cosas (y casi todo en la vida) con un caracter experimental.

Hace unas semanas pase por delante de una peluqueria de barrio, entre, me sentaron, no le di ninguna indicacion al senyor peluquero (que era la version thailandesa de Morin, el peluquero de mi barrio de Santa Cruz de Tenerife), pague 50 centimos de euro y sali con un peinado de hombre de verdad, que diria mi padre. Siempre he sido muy maniatico con mi pelo, y esto era una prueba de que estas cosas, al fin y al cabo, importan poco.

Hoy seguire merodeando, me gusta las cosas que voy viendo… unos chicos pescando una bicicleta, un elefante recorriendo la ciudad a la 1 de la madrugada, 3 chicos en una moto, 4 chicas en una moto…

Esta manyana a las 8 estaba nadando en la piscina de la azotea del hotel. Cuando termine apoyado en la barandilla me dedique a contemplar Bangkok… despierta hace rato, amarilla, naranja, ocre, diluida entre tanta contaminacion. Una ciudad fantastica.

Bangkok Bus - Thailand

Foto Teelek

[ sin tildes ni enyes ;-) ]

Hoy me marcho a Bangkok, al final no voy a tener tiempo suficiente para poder disfrutar de la ciudad. Pero eso es buena senyal, significa que debo volver. No me obsesiona hacer todo la primera vez. En muchas ocasiones insisto incluso demasiado en esta actitud y termino por no hacer nada. Me he dado cuenta de que sin hacer nada, comprendo mejor los sitios, aprecio mejor los pequenyos detalles.

Hace anyos escribi en mi cuaderno, que para mi, viajar es basicamente cambiar de cafeteria. Lo sigo manteniendo. Cambio de espacio pero arrastro mis manias, mis lecturas, mi musica. Mucha gente quiere desconectar, pero intuyo que ese sentimiento esta edificado sobre una terrible insatisfaccion con su vida cotidiana. No es mi caso. Yo viajo para conectarme mas a mi mismo.

Me gusta mi vida, puede que en los ultimos tiempos haya tenido mis mas y mis menos, pero me gusta lo que hago y me siento un privilegiado. No por lo que cobro sino por todo lo que me rio de mi mismo.

Y tras esta reflexion… volvamos al otro viaje… al de la superficie.

Ayer recorri en un barco tradicional las pequenyas islas que estan al este de Ko Lanta. Fabulosas, una gran experiencia. Lo mejor fue visitar Morakot, una playa minuscula rodeada por paredes de mas de 100 metros con una vegetacion fascinante y a la que solo puede accederse por un tunel submarino de unos 80 metros (se puede respirar no esta totalmente sumergido). Parecia de pelicula de piratas, de hecho los piratas usaban esta cueva para esconder sus tesoros.

La vuelta fue fantastica, con oleaje y lluvia, el bote se escoraba a estribor hasta casi formar un plano con la superficie. Llegamos intactos a puerto en cualquier caso.

Tras esto me regale una cena y un paseo por la playa oyendo jazz. No se si es que estaba un poco borracho pero una alegria espontanea recorria mi cuerpo. Me dormi con una sonrisa, un poco quemado por el sol, pero con una sonrisa.

Ko Lanta - Thailand

foto Simon Gate

[ sin tildes ni enyes ;-) ]

El viaje desde Chiang Mai a Ko Lanta fue largo. Primero una guagua hasta Bangkok, luego otra desde la ciudad hasta el aeropuerto, mas tarde un avion hasta Krabi… un taxi del aeropuerto a la ciudad y para terminar un minivan con el que embarcamos en dos ferries. Unas 27 horas. Mucha musica y muchos vueltas a la cabeza en el camino.

Cuando me desplazo me doy cuenta de la importancia de la musica en mi vida. Lo que mas me gusta de mi iPod es lo que tiene dentro (no los cables… ;-)

Ko Lanta es una isla pequenya, puedes recorrerla unas cuantas veces en un dia. El ambiente es completamente distinto al que venia disfrutando en el norte… no hay demasiados viajeros por aqui. La gente viene a la playa… o se sumergen con botellas o se las beben en la superficie. La costa oeste esta llena de playas preciosas y la este de pequenyos pueblos de pescadores. Hay bastantes carteles advirtiendo que estas en una zona en la que pueden golpear los tsunamis.

Ha pesar de todo esto, Ko Lanta mantiene su encanto y esta menos abarrotada que Ko Phi Phi y Ko Samui.

Los habitantes son una curiosa mezcla de thai, chinos y chao ley (gente del mar en Thai). Un 40% de la poblacion es musulmana. Curioso en un pais en el que el 80% es budista, pero estamos en el sur, cerca de Malaysia, en la frontera la mayor parte de la gente es musulmana.

Los Chao Ley o Moken, segun quien los nombre, son una gente bastante interesante, un pueblo nomada y no demasiado extenso. En el 2004, cuando el tsunami arraso esta zona, ellos huyeron a las montanyas con tiempo. Conocen el mar.

Manyana recorrere las pequenyas islas que estan al este de Ko Lanta Yai. Y al dia siguiente vuelvo a Bangkok, este primer viaje en solitario se va acabando.

Una nota de hoy del cuaderno:

Casi todas las cosas que haces con alguien puedes hacerlas tambien solo. La cuestion es que cuando estas solo (absolutamente, no vale solo con vida social agitada y sin tiempo para pensar, solo solo) ese gran artista invitado que eres tu mismo emerge y se sienta a tu lado a mirarte.

Todos nos cansamos rapido de este obervador ironico e ingrato.

Contigo eres tu, con otros eres los otros. Puede ser que no te gustes o no te soportes… en ese caso es mejor estar acompanyado… al menos los otros pueden ir cambiando.

Mmmm… creo que voy a tomarme una cerveza.

Karen Hill Tribe Thailand

foto Dizzy Atmosphere

[ sin tildes ni enyes ;-) ]

2008, de nuevo la sensacion de una pagina en blanco. Momento de prometerse cosas a uno mismo, se cumplan o no, que importa.

Anoche estuve cenando con la misma familia que conoci haciendo treking: Gaia, Zoe, Danielle, Gili, Daron, una increible familia judia de California. Me han sorprendido, por su cultura, su caracter, su humor, su fortaleza. Espero visitarlos pronto y estrechar mi relacion con ellos.

Al comienzo del treking visitamos una cueva (llena de murcielagos), caminamos hacia lo mas profundo hasta llegar a un espacio que utilizaban los monjes para meditar. Daron, el padre, comenzo a explicarle a Gaia (la hija menor, 7 anyos) que ese era el sitio en el que se meditaba. Si te concentras mucho –dijo– puedes meterte en ese otro agujero (alumbro con la linterna a un pequenyo orificio en el muro). De pronto vimos una cucaracha, Daron la enfoco y le dijo a Gaia: Mira Gaia este es un monje que realmente se ha concentrado… No pude parar de reirme. Tenia un humor muy parecido al de Woody Allen, estuve todo el rato riendome, incluso de mi mismo. Me vino bien, llevaba unos cuantos dias demasiado pesado con el budismo para arriba y el budismo para abajo, y estar con ellos me sirvio de contrapunto. Otra cultura, la nuestra al fin y al cabo. Nosotros, los occidentales, no meditamos demasiado, pero tenemos nuestros puntos fuertes: nuestro criticismo, nuestra irreverencia, nuestro humor. La idea, quizas, es hacer un buen cocktail con todo eso y (permitanme la licencia) la cultura y la filosofia oriental.

Hay muchas agencias y guias en Chiang Mai, pero desde que lei en la guia la referencia que hacian de Eagle House (y luego consulte su web), decidi hacer el recorrido con ellos. Los duenyos de la agencia son Pon y Annete una pareja formada por un thailandes y una irlandesa con un firme compromiso con el medioambiente y los habitantes de estas zonas.

Definitivamente, estos tres dias caminando por las montanyas al oeste de Chiang Mai, han merecido mucho la pena. En la nota anterior lo describi por adelantado de una manera poco precisa (parecia mas una cita de un catalogo de agencia de viajes de tercera que un cuaderno de viaje). El recorrido a lomos de elefante, se transformo en paseito, fue aburrido, turistico… aunque es verdad que estos animales impresionan, y no esta mal sentarse en el cuello de uno y hacer un descenso por un barranco, que es basicamente lo que hicimos.

La caminata si que merecio mucho la pena, fue intensa, muchas subidas, muchas bajadas, muchos riachuelos que cruzar por delgados puentes de bambu. Gaia nos impresiono con su fortaleza, si hace esto con 7 anyos, no quiero pensar como va a ser con 15. El bosque del norte de Thailandia es hermoso, a mi de alguna manera (salvando las distancias, aunque no muchas no se crean) me recordaba a los bosques de Laurisilva canarios.
La primera noche dormimos en un pequenyo poblado Karen. Curiosa gente estos Karen, hay unos 7 millones de ellos en Birmania y otros 400.000 en Thailandia, y parece que llevan anyos luchando por su independencia. Cuantos conflictos hay en el mundo que uno ni siquiera conoce de oidas…

Los Karen son el grupo mas grande de las tribus de la montanya (mi traduccion barata de hill tribes), ese mismo dia visitamos tambien a los Hmong: estuvimos en un poblado y luego en una escuela preciosa en medio de la selva, llena de ninyos con sonrisas permanentes, fue maravilloso.

Esta gente vive sin nada, o con todo segun se mire. Ya muchos tienen paneles solares, telefonos celulares y alguna que otra de esas pequenyas motocicletas de 110 cc que estan invadiendo el sudeste asiatico (un articulo interesante sobre este tema de las motocicletas en el Herald Tribune), otros siguen viviendo como hace 100, 200, 300… anyos.

El ultimo dia hicimos el descenso de un rio con barcas de bambu, muy divertido (aunque Gili casi se parte la cabeza ): no paso nada al final, solo un rasgunyo.

Al dia siguiente, estaba bastante cansado y me quede casi todo el rato en la cama leyendo Zen and the art of motorcycle maintenance, un clasico de los setenta que me compre hace unos dias (es fantastico Chiang Mai, esta lleno de librerias, de restaurantes…) a la noche, como he dicho al comienzo, fui a cenar con esta familia.

Al final de la cena el cielo estaba iluminado por los fuegos artificiales y pequenyos globos de papel, yo mismo solte uno (son muy sencillos, una bolsa de papel de arroz y un disco que arde en la base, un globo aerostatico reducido a su forma mas basica). El mio tenia una grieta bastante grande y me gusto la idea de que me tocara asi estropeado, medio roto. Se elevo de igual forma, muy alto, lo perdi de vista.

No tenemos que desechar cosas en nuestra vida por un simple defecto, por un rayon en la superficie, una grieta, un descosido, una mancha. Maldita mania de vivir en una sociedad sin macula. La vida es mancharse.

Termino con un parrafo del comienzo del libro que me estoy leyendo que me esta animando a plantearme un proximo viaje en moto:

You see things vacationing on a motorcycle in a way that is completely different from any another. In a car you are always in a compartment, and because you’re used to it you don’t realize that through the car window everything you see is just more TV. You’re a passive observer and it is all moving by you boringly in a frame.

On a cycle the frame is gone. You’re completely in contact with it all. You’re in the scene, not just watching it anymore, and the sense of presence is overwhelming. That concrete whizzing by five inches below your foot is the real thing, the same stuff you walk on it’s right there, so blurred you can’t focus on it, yet you can put your foot down and touch it anytime, and the whole thing, the whole experience, is never removed from immediate consciousness.

Zen and the art of motorcycle maintenance

Esta noche voy en guagua hasta Bangkok, llegare a primera hora de la manyana, luego tomare un avion hasta Krabi, y luego en barco a Ko Lanta Yai, una pequenya isla en la costa del mar Andaman.

[ sin tildes ni enyes ;-) ]

Comienza el azar, lo que no viene en la guia, lo que no estaba en tu cabeza cuando trazaste una posible ruta. Al bajar del tren en Phitsanulok me encontre a Thierry, Isabella y Marco, no nos presentamos, ibamos todos a Sukhothai. Nos subimos en una furgoneta, luego en un autobus, luego en un tuk-tuk hasta una casa de huespedes junto a un rio. Cuando me di cuenta estaba cenando con tres perfectos desconocidos. Como en un chiste: un frances, una alemana, un italiano y el artista canario antes conocido como Tomy Pelluz.

Al dia siguiente recorrimos el parque historico de Sukhothai, en bicicleta, persiguiendo por momentos una excursion de ninyas (vestidas de rosa) de un colegio del sur de Thailandia, de la frontera con Malaysia. Las ninyas nos hacian fotos a nosotros y nosotros a las ruinas.

Por la tarde, con unas bicicletas mejores, pedaleamos unos 25 kilometros por campos de arroz y tabaco. No puedo imaginar como sera trabajar en esos campos cuando sube la temperatura. Ahora estamos en la estacion fria, y a pesar de eso por momentos la mezcla de humedad y calor te deja exhausto.

La lente mas barata de mi camara cuesta mas que lo que gana una de esta familias trabajando un anyo. Me senti un poco tonto haciendo fotos, trataba de mostrar el mas absoluto respeto hacia esta maravillosa gente que no deja de hacerte wai, (una muestra tradicional de afecto y respeto que consiste en juntar las dos manos a la altura de la boca y flexionar un poco el cuerpo). Cada vez que hago una foto les muestro mi respeto haciendo yo tambien un wai, y diciendo khop khun khrap (gracias).

Ayer cogi una guagua hasta Chiang Mai con Isabella y Thierry, Marco volvia a Bangkok. Nos separaremos en Chiang Mai, cada uno tiene sus planes. Yo manyana subire a las montanyas, para hacer treking durante tres dias.

En las montanyas del norte de Thailandia viven aproximadamente unas 800.000 personas distribuidas en unas 3500 aldeas (esto es lo que pone mi Rough Guide). La mayor parte de estas gentes conservan el mismo modo de vida de hace unos cuantos miles de anyos. Visitarlos es un privilegio. La idea es desplazarse de una aldea a otra, caminando, haciendo rafting o a lomos de un elefante, y dormir dos noches en cabanyas cerca de sus aldeas. Parece una buena experiencia.

Aprovechando los recorridos en tren y en guagua me he terminado de leer Phra Farang.

Phra Farang es la narracion, en primera persona, de la transformacion de un empresario britanico de 45 anyos en monje budista en Thailandia. Es un libro escrito con una humildad absoluta, que me ha permitido conocer un poco mejor este pais que estoy recorriendo, y la vida cotidiana de los monjes en los monasterios que visito.

En Thai, Phra es monje, y Farang extranjero, Monje Extranjero, asi han llamado durante anyos al autor de este libro, del que me ha impresionado su criticismo, incluso con la manera de entender el budismo que tienen los tailandeses. No puedo dejar de ver al ingles que hay debajo de esas ropas de monje. (Nunca pude dejar de ver al ingles conservador y amante de la vida en el campo que habia en el narrador de The Lord of the Rings. Me gusta mirar a los ojos de los autores a los que leo.)

En una parte del libro cita mi pasaje preferido de Walden de David Thoreau.

I went to the woods because I wished to live deliberately, to front only the essential facts of life, and see if I could not learn what it had to teach, and not, when I came to die, discover that I had not lived. I did not wish to live what was not life, living is so dear; nor did I wish to practice resignation, unless it was quite necessary. I wanted to live deep and suck out all the marrow of life, to live so sturdily and Spartanlike as to put to rout all that was not life, to cut a broad swath and shave close, to drive life into a corner, and reduce it to its lowest terms, and, if it proved to be mean, why then to get the whole and genuine meanness of it, and publish its meanness to the world; or if it were sublime, to know it by experience, and to be able to give a true account of it in my next excursion.

Mas que por el el budismo (llevo unos cuantos anyos revoloteando en torno a esta forma de pensar y vivir) el libro me atrajo porque me interesan los personajes que dan giros inesperados a sus vidas… Joseph Conrad, Sebastiao Salgado

Hago una ultima cita del libro en la que se explica una bonita palabra en Thai:

That night, I sat alone on the balcony of the kuti block, listening to the night sounds and sipping at a cup of cocoa. I felt totally at peace and perhaps for the first time understood the much-used Thai word, sabbai.

It can mean healthy, well or comfortable, depending on the context, but it can also mean much more. It can be a deep, inner feeling of wellbeing and contentment; of being at peace with oneself and with the environment. Sabbai. That’s how I felt as I drifted off to sleep.

Lo cierto es que estos dias he repetido unas cuantas veces esta palabra, bueno… hasta que aparecen los mosquitos. El otro dia escribi en mi cuaderno:

Consideraciones sobre el uso del repelente para mosquitos: recuerda, un poco de equilibrio, se trata de disuadir a los bichos, no de espantar a la gente.

El mejor Sabbai, es el que alimenta al humorista que hay en ti.

Ahora toca caminar un poco.

Bangkok by night

foto bangkok diary

[ sin tildes ni enyes ;-) ]

Llegue a Bangkok al anocher, un maravilloso caos. En el avion estuve leyendo, escribiendo, cada vez escribo mas, en las guaguas, en los cafes, incluso de pie, en esos pequenyos cuadernos con las dimensiones de un pasaporte que vende Muji.

Me fui de cabeza a Khaosan Road en Banglamphu, el paraiso de los mochileros. Tipico, topico y quizas aborrecible, pero hay que venir al menos una vez.

Paseando me encontre en esa misma calle a Alberto Garcia Alix, el fotografo espanyol. Parece un guion, porque creo que no hay otro fotografo espanyol con la estetica y la presencia de Alberto, perfecto para encontrarselo en Khaosan Road. Nos saludamos, es amigo de un amigo, Chus Bures, que tanto ama esta ciudad.

Hoy he estado en el Grand Palace, demasiado bonito, parecia disneylandia… total, me aburri. Escribi esta frase en el cuaderno…

Al comienzo de un viaje en solitario tiendes a protestar, a sentirte frustrado, enganyado… luego se pasa. Entonces es cuando te preguntas… Cuanto hace que no estoy conmigo? Solo, sin planes, sin horarios, sin tareas que completar… enfrentandote a la unica que merece la pena, conocerte a ti mismo.

Se nota que tenia hambre y necesitaba un cafe. En un mercado encontre un sitio autentico, como los de los pueblos de mi isla, no sabian ingles (buena senyal de que era autentico) pero la senyora era fantastica y me puso un fenomenal arroz con pollo y otra cosa come-y-no-preguntes por algo mas de 1 euro. Luego en otro lado me tome un cafe y volvi a la calma. Entonces escribi esta otra frase…

Tengo una gran tentacion de comprarme camisas de flores, son baratas, son horteras, son perfectas.

El resto de la tarde lo pase en una lancha recorriendo los canales de Bangkok, ha sido la mejor experiencia por ahora, el barquero y yo solos. Navegaba descalzo y no tenia ni la menor idea de ingles pero me entendia perfectamente.

Manyana cojo un tren hacia el norte, hasta Phitsanulok.

Orquidea - Jardin Botanico Singapur

Foto prajuvicas

[ sin tildes ni enyes ;-) ]

Ayer por la tarde tenia un curioso cocktail de resfriado, jetlag y suenyo, pero me mantuve, como un hombre de verdad (que diria mi padre).

Despues de comer quede con David Chin (gracias por el contacto Maria ;-), un fascinante hombre de mundo nacido y crecido en esta ciudad. David es Executive Producer de muchas buenas peliculas (The Girl in the Park, The Last King of Scotland), pero sobre todo un ser humano lleno de humor y producto de una refinada mezcla asiatica (su padre es chino y su madre japonesa). Singapur es esto, Asia supervitaminada y supermineralizada, oriente en su maxima potencia.

Tras una de las carreras en taxi mas divertidas que recuerdo (el taxista era un humorista consumado), estuvimos paseando por el Jardin Botanico, y hablando de mi tocayo Thomas Raffles, talento, orquideas y finanzas. Un buen menu para afrontarlo sin haber dormido.

Si hace unos anyos me hubieran dicho que iba a dedicar una tarde en Singapur a pasear por el Jardin Botanico me hubiera reido. Pero eso es la vida, una pelicula que pretende ser un drama pero termina siendo una comedia (o viceversa). Me encanto el paseo, hice muchas fotos de orquideas (si no las hago mi madre me mata) y quede absolutamente impresionado con la dimension y el porte de algunos arboles tropicales (mas de 50 metros).

Ahora me voy hacia el aeropuerto, en unas horas aterrizo en Bangkok.